Antivalores
La detención de un sargento de la Policía Nacional transportando cocaína en un patrulla revela hasta qué punto el narcotráfico ha penetrado a los estamentos de seguridad pública, haciéndolos entes susceptibles a la corrupción y desarmándolos ante la sacrosanta labor de proteger a todos los panameños.
En este caso y en otros similares, los organismos de investigación e instrucción, así como a quienes les toca juzgar estas conductas, constitutivas de delitos, deben ser enérgicas e inflexibles, ya que se trata de que ha delinquido un funcionario en ejercicio, cuyo salario pagamos todos los panameños.
Cuando observamos estas inconductas, nos preguntamos ¿qué utilidad tiene gastar dos millones de dólares en un congreso contra la corrupción, como plantea la flamante secretaria de la Autoridad de Transparencia y Acceso a la Información (Antai), ¿no sería mejor usar esos millones para dotar a las unidades que combaten el delito de insumos y recursos para que hagan mejor su trabajo y combatan a los corruptos dentro de sus filas?
Es un hecho público y notorio que la cultura de los antivalores ha penetrado hasta el tuétano a todos los órdenes de la vida nacional, pero la situación se torna dramática cuando, precisamente, los llamados a protegernos son los que anden inmersos en el delito.
El Gobierno debe iniciar un proceso de depuración de las manzanas podridas dentro de los organismos de seguridad pública a todos los niveles para evitar que las unidades contaminadas, que de repente son los menos, terminen por dañar a las sanas.
Asimismo hay que exigir mayor acción de los policías, porque ya ni los conductores respetan al guardia.
La Fuerza Pública y sobre el Consejo de Seguridad deberían estar concentrados en acciones contra el crimen y no estar ocupados en asuntos políticos, que arrojan resultados como los del jueves que ahora hasta se utilicen patrullas para traficar drogas.