Armas fuera de control
Millones de personas viven a diario bajo la amenaza de la violencia armada y otros miles quedan mutilados, son torturados y se ven forzados a huir de sus hogares. La proliferación incontrolada de armas intensifica los conflictos, agrava la pobreza e incentiva las violaciones de los derechos humanos.
Las armas están fuera de control. Han superado la barrera del ámbito militar y su utilización se ha instalado en la vida cotidiana.
El objetivo de toda arma es la destrucción, cumplen su función cuando son activadas y destruyen con efectividad. Es una regla básica en toda película: siempre que aparece un revólver en alguna escena, es porque más tarde va a ser utilizado.
Sobre este objetivo se sustenta una de las industrias más grandes y poderosas del mundo.
Desde 1999, los países de África, Asia y América Latina han gastado en armas una suma anual cercana a los 30,000 millones de dólares. Utilizados de otro modo, les habrían permitido estar en camino de cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
La comunidad internacional debe actuar de manera inmediata. Tomar medidas que controlen la fabricación y la exportación. El 40% de las armas se distribuyen de manera ilegal y sin control. Resulta preocupante que los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas –Francia, Rusia, China, Reino Unido y Estados Unidos– realicen más del 60% de las exportaciones de armas convencionales en el mundo.
Se utilicen o no, las armas en manos criminales merman los derechos humanos y el desarrollo, reducen el espacio de negociación de la justicia y la paz, y limitan los incentivos para la cooperación, la tolerancia y el compromiso. Se pierde la confianza y se rompen las relaciones. Una destrucción que el mundo no se puede permitir.