Casas
En una casa, el chiquillo corrió para ver qué le había dejado Santa Claus (Niño Dios) debajo del árbol de Navidad. Quedó asombrado al ver más de diez paquetes envueltos en brillante papel navideño. Sus padres se sonrieron ante el asombro del hijo por la cantidad de juguetes. Ellos habían estado trabajando horas extras por semanas para juntar la plata de esos regalos. El niño decidió abrir el paquete más grande. Su cara se iluminó al ver el reluciente juguete. Su curiosidad lo hizo buscar otro. No era tan grande, pero tenía un conocido juguete que salió varios días en la TV. Le entró un frenesí al chiquillo ante las sorpresas. A manotazos rompía las envolturas, veía el regalo… ¡y buscaba otro! Luego de abrir los numerosos paquetes el pela’o quedó cansado. Momentos después fue a buscar su juguete preferido del año pasado: un pintoresco caballo de palo, que lo llevó al árbol para “presentarle” los nuevos juguetes… (Caras de sorpresa en sus padres). No eran tantos los juguetes en otra casa. Pero los habían comprado para niños dos años mayores que el hijo. Sus padres consideraban que era un “genio” y sabía más que los años que tenía. Como no pudo armar uno de ellos, lo tiró molesto. Los padres tuvieron que armar los juguetes y explicarle cómo se usaban. Algo parecido sucedió en otra casa. El juguete era tan complicado que el padre universitario estuvo tres horas tratando de armarlo… y no pudo. Hubo que buscar un amigo que supiera de ingeniería. Mientras en otra casa no existía ese problema. El niño lloraba porque no recibió la bicicleta que le pidió en una carta a Santa Claus. No entendía eso que “Santa Claus está pobre este año”. En ese barrio pobre, varias madres aguantaban las lágrimas ante el reclamo de sus hijos porque no les llegaron los juguetes que pidieron. No es de extrañar que haya casos en que se le diga al niño “Santa Claus tenía tanto que hacer que se olvidó de esta casa”. Si recuerdo bien, mi hermano Orlando y yo sufrimos esto una vez, cuando la situación estaba difícil en la familia. Decidimos pintar y limpiar los juguetes del año pasado y divertirnos. Ningún amiguito se dio cuenta… Es mejor dar pocos juguetes que atiborrar al niño porque lo confundirán. Algunos padres no entienden esto. Creen que gran cantidad de juguetes demostrará que son buenos papás. Podrían dar los juguetes poco a poco, en cumpleaños y otras festividades del niño. ¡Cuidado con comprar juguetes que pueden causarle daño al chiquillo!