Ciudad hospitalaria
Con el grave problema de falta de atención médica y un sistema público de salud colapsado, el millonario proyecto de la Ciudad Hospitalaria, indudablemente, iba en alguna medida a contribuir a aliviar la falta de atención de salud en nuestros hospitales públicos.
Recientemente, el director de la Caja de Seguro Social, Estivenson Girón, calificó la Ciudad Hospitalaria como “un proyecto sin lógica”, lo que nos recuerda cuando en 1920 se inició la construcción del Hospital Santo Tomás, y que los detractores de la época calificaron al proyecto del presidente Belisario Porras, de “Elefante Blanco”, porque —según su lógica— era muy grande y no servía para nada.
Muchos años después, el Santo Tomás no solo se ha convertido en el gran hospital del pueblo panameño, sino que ya sus servicios también han colapsado y está sumido en una gran crisis de insumos, equipos y personal, que el gobierno tampoco resuelve.
El gobierno actual tiene una agenda de desmantelar y paralizar los ambiciosos proyectos de la administración anterior, por el solo prurito de que no lo hicieron ellos, así lo hicieron con la Cadena de Frío y quién sabe con cuántas obras más lo harán.
Con esa criminal política el que sufre es el pueblo, ya que al demorar, paralizar o replantear el proyecto original de la CSS, lo que hacen es prolongar más el padecimiento y la agonía de los pacientes.
Si a esta situación le sumamos el desabastecimiento de medicamentos, no solo para enfermedades raras o poco comunes, sino para todo tipo de dolencias comunes, tenemos que concluir que la actual administración de nuestro sistema de salud no está pensando en el bienestar del pueblo, sino en revanchismo y burocratismos enfermizos.
Déjense de resentimientos políticos y métanle la mano a la Ciudad Hospitalaria para que esté terminada lo antes posible.