Constituyente y reformas
Desde San Felipe y El Miramar salían chispas cuando un magistrado comenzó a despotricar contra colegas suyos. La Corte Suprema de Justicia (CSJ) muestra su verdadera cara. Ante el embate de los adoloridos, tres juristas acuden a la Asamblea Nacional de Diputados para exigir una investigación. La bola pica y se extiende en el gramado, diría otro. Pero lo gracioso del asunto es que los honorables padres de la Patria, afines al varelismo, temblaban al siquiera analizar las supuestas denuncias de corrupción en el Órgano Judicial. Es evidente que el Gobierno de turno, con su falsa premisa de hacer una "corrección fraterna" politizada, ha caído en su propia miasma. No llevan ni dos años de mandato, cuando comienzan a brotar casos polémicos en el otrora PAN, en el Mivi y demás entidades públicas. Los panameños ven como alternativa la urgente necesidad de impulsar una constituyente, con el fin de reformar las estructuras podridas del Estado. Varios grupos sociales, Frenadeso y hasta el partido Cambio Democrático (CD) ven viable la total transformación institucional. Empero, el Gobierno varelista teme perder influencia y poder ante la convocatoria de semejante proceso de reingeniería nacional. Panamá requiere además de una entidad independiente y ejemplarizante que vigile la institucionalidad. Ante las denuncias de corrupción en la Corte Suprema, el Tribunal Electoral y la Asamblea de Diputados, lo sano sería instaurar una Corte Constitucional, la cual permanentemente velará por la imparcialidad democrática de las acciones de otros órganos del Estado. Es claro que Juan Carlos Varela y su gobierno están en un dilema gigantesco. No tendrían otra opción que acatar el clamor popular de llamar a una constituyente para más tardar el 2017, lo que representaría un paso al adecentamiento político institucional. Los medios de comunicación y la verdadera sociedad civil, no la afín al varelismo, terminarán triunfando en el objetivo de las reformas constitucionales. Ya basta de los abusos de poder. No más mentiras. El Gobierno debe cumplir con su promesa de convocar la constituyente. Es increíble que los resabios de la Carta Magna vigente, impuesta por la pasada dictadura militar, sigan rigiendo los destinos de Panamá. Ha llegado la hora de madurar como nación. Antes de que los aires veraniegos y carnavalescos nos ahoguen, aprovechemos estos días para reflexionar de la imperiosa necesidad de llamar a la constituyente. Pensemos en el futuro de las generaciones venideras, no en los intereses mezquinos y las ambiciones de poder efímeros de los que mandan desde el Palacio de las Garzas. Larga vida y prosperidad para todos, saludos, amigas y amigos todos.