Crucificar
Al escuchar la frase me impactaron las verdades que señala. Hablábamos de Semana Santa y mi esposa dijo: A Jesús lo crucifican todos los días. De inmediato nos pusimos a analizarla para ver cuánto de verdad tenía... ¡y es cierta! Crucifican al hijo de Dios cuando un gobierno no resuelve los problemas que tienen los pobres, a quienes defendió Jesucristo. Aquel funcionario que se apropia de dineros que eran para ayudar a los necesitados es tan culpable como el soldado que le enterró la lanza a Jesús en el costado. Vender alimentos caros no es cristiano. Hacer una justicia que no es igual para todos y golpea duro a los que menos tienen es algo parecido a las torturas que recibió nuestro Señor en la cruz.
Aquellos que por unos dólares más envenenan al pueblo con drogas asesinas son iguales a los que gritaban suelten a Barrabás. Algo parecido ocurre cuando dineros para becas y mejorar la educación son usados para pagar favores politiqueros. Si alguien ve cometer un delito y no lo denuncia, está respaldando el calvario del hijo de Dios. Malos administradores de la justicia, por más que se laven las manos, no dejarán de ser elementos que en su momento le darían latigazos al Salvador. En Panamá existen otras formas de crucificar que son dolorosas. Aquel estudiante que desperdicia el esfuerzo de sus padres y los sanos consejos que otras personas y familiares también le dan para que no caigan en los malos pasos de la delincuencia.
Los que envidian el trabajo honesto de los demás y tratan de hacer daño con bochinches serían capaces de clavar los clavos que hicieron sufrir a Jesús. Añada a ciertos periodistas que, en lugar de buscar la verdad de los hechos y luchar por la armonía social, venden su pluma, a esos hay que tenerles miedo porque pueden ser capaces de crucificar a cualquiera. Ni hablar de los politiqueros que han hecho del manejo de la cosa pública una rapiña. Algunos merecerían estar en la cruz.
Por suerte, todos estos malandrines sociales, aunque crucifiquen todos los días a Jesús, no pueden destruir el sacrificio que hizo para que viviéramos en un mundo mejor.