Dios no tenía derecho de llevárselo aún
"Mi adorado hijo de veintinueve años, lleno de vida, amado por todos, tuvo un fatal accidente y falleció.... No soy ni creyente el ciento por ciento ni practicante, y después de esto, todavía menos creyente. No lo entiendo. Me rebelo impotente contra no sé qué. Dios, según me dicen muchos... se lo ha llevado con Él. Yo pienso que no tenía derecho a llevárselo aún. Yo creo que merecíamos, al menos, permitirme hacer un pacto y matarme a mí, su padre, en lugar de él.... ¿Dónde está la infinita "bondad" de Dios?"
"Estimado amigo:
"No podemos ni siquiera imaginarnos lo profunda que es la tristeza que usted siente a causa de lo que ha perdido. Nadie puede comprender lo mucho que usted está sufriendo, a no ser que haya perdido a un hijo. Su pena, desesperanza y desesperación son del todo comprensibles. ¡Lo sentimos muchísimo! ...
"Pero... si Dios mató al hijo suyo, entonces Dios tuvo que haber causado el accidente. Si Dios causó el accidente, entonces fue Él quien obligó a todos los involucrados a que estuvieran en ese lugar específico a esa hora. Si Dios obligó a todos los involucrados a que estuvieran allí, entonces cada uno de ellos era como un robot, con la capacidad de hacer únicamente lo que Dios le mandó, y sin la facultad de escoger por sí mismo. Y si todos eran robots, entonces todos nosotros también lo somos, y ninguno tiene opción alguna de decidir qué ha de hacer ni a dónde ha de ir.
"Además, si todos somos robots sin libre albedrío, entonces los delincuentes también lo son. Y si eso es cierto, entonces Dios causa todos los delitos. Pero ¿por qué habría Dios de amarnos a tal grado que sacrificaría a su único Hijo de modo que muriera en la cruz para salvarnos a algunos de nosotros, y al mismo tiempo hacer que otros de nosotros cometiéramos delitos horribles y muriéramos con ese pecado? Eso suena como un monstruo malvado y como la trama de una película mediocre, y no como nuestro Padre celestial.
"Dios nos hizo a cada uno un ser con libre albedrío, no un robot. Tenemos la oportunidad de elegir por nosotros mismos al tomar nuestras propias decisiones, aun cuando las consecuencias de esas decisiones sean desastrosas. El hijo suyo tomó la decisión de estar en el lugar donde ocurrió el accidente que le cegó la vida. Dios no fue la causa de que él estuviera allí ni de que muriera.
"Sin embargo, a Dios no lo ofenden las dudas que usted tiene ni el enojo que siente. Él lo ama y comprende su corazón afligido. Pero no lo obliga a que crea en Él o esté de acuerdo con Él. Usted tiene el privilegio de tomar esas decisiones por sí mismo."