Gobierno reactivo
Las inundaciones que se dieron el jueves eran previsibles y el gobierno fue el único que no las veía venir.
Con todos los desagües tapados con cemento, tierra, piedra y basura es normal que las vías se inunden ante un aguacerito, pero si cae más lluvia de lo normal, entonces llega una emergencia que hace colapsar el sistema de alcantarillados convirtiendo calles en lago y casas o negocios en piscina.
El presidente, su ministro de Obras Públicas y los jefes de Sinaproc deben parar la viajadera
e implementar un sistema permanente de limpieza de los cauces de los ríos, tragantes, limpieza de las calles, recolección eficiente de basura y multar a los cochinos que lancen todo tipo de cachivaches a los ríos y quebradas.
Los alcaldes, representantes y corregidores parecen estar de adorno o solo se preocupan por los 15 y los 30 cuando les llega el cheque, porque no tienen ninguna acción preventiva, sino reactiva.
En vez de adoptar acciones para disminuir los riesgos de inundación, esperan que éstas sucedan para llegar en pandilla a las zonas de desastre con ganas de ganar notoriedad en los medios para que los capten entregando colchones y enseres domésticos a las familias afectadas.
No es posible que el Ministerio de Obras Públicas contemple una mísera partida para labores de mantenimiento y solo se corre a dragar ríos y quebradas cuando se producen inundaciones. Ayer más de 600 funcionarios fueron desplazados al sector 4 de Samaria, pero la pregunta es porqué no se adoptó un programa mensual o bimensual de limpieza para disminuir el impacto de las afectaciones.
Para colmo, ante las recientes inundaciones, el gobierno insiste en su proverbial lentitud por llevar la ayuda a los afectados, sobre todo en los sectores populares que son los más golpeados por estos eventos naturales.
Igualmente, a los ecologistas y ambientalistas hoy cómodamente emplanillados en el gobierno les preguntamos ¿dónde quedó su espíritu solidario con la naturaleza?