Infancias que duelen
Los niños deben trabajar. Adela camina con cuidado, sigue los pasos de su padre que se hunden en la tierra húmeda de la montaña. Tiene once años y vive en la comunidad de Santo Domingo, Chiapas. Como tantas otras familias, la suya se dedica al cultivo del café en plantaciones pequeñas que producen grano arábigo. Adela ayuda a su padre a trabajar en el campo durante la temporada del corte que dura de Septiembre a Marzo. Es la menor de ocho hermanos y todos trabajan en el cultivo del café después de ir al colegio. Dividen su tiempo entre las actividades propias de la niñez y la responsabilidad de ayudar a sus padres. Primero la escuela, luego trabajar.
La palabra trabajo estremece unida a niñez. Resulta indispensable aclarar los términos. No es lo mismo trabajo infantil que explotación infantil. Eve Crowley, miembro de la Dirección de Género, Equidad y Empleo Rural de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) sostiene que si los niños “Participan de cierta forma en actividades de subsistencia de la familia, en especial si no implica trabajos pesados o peligrosos, o no interfiere con la escolarización, es legítimo y puede ser importante para desarrollar habilidades necesarias para llegar a ser agricultor o pescador en la vida adulta. A diferencia del trabajo efectuado de manera saludable por niños, de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la explotación infantil es “aquel trabajo que perjudica la salud del niño, impide que asista a la escuela y puede poner en entredicho su desarrollo y crecimiento futuros”. Por lo tanto, aquellas tareas ligeras son aceptables a partir de los 12 años de edad, al igual que los trabajos calificados no peligrosos para los adolescentes de 15 y 16 años.
Siempre que el trabajo que realicen los niños no resulte dañino, ni abusivo o suponga su explotación y les prive de su derecho a la educación no es una actividad negativa. Por el contrario, resulta importante para su formación.
La explotación de niños trabajadores refuerza los ciclos inter generacionales de pobreza. No es solo la causa sino la consecuencia de la desigualdad social que es cada vez mayor en el mundo. Los perjudicados siempre son los mismos y los beneficiados unos pocos.