Infiernillo político
B ueno, bueno, el creciente número de menores de edad (incluido las de 9 años) embarazadas ha despertado las alertas de la sexualidad (aun sin conocer
Ramón Jiménez Vélez
B ueno, bueno, el creciente número de menores de edad (incluido las de 9 años) embarazadas ha despertado las alertas de la sexualidad (aun sin conocer una estadística cierta del volumen de jóvenes iniciando el acto sexual) y ha abierto la discusión sobre un proyecto de educación sexual y reproductiva en las escuelas.
Por cierto de índole cultural y de salud ha sido penetrado por las prácticas religiosas, confundiendo un asunto de estricto sentido fisiológico y hormonal en un debate ideológico.
De paso para el filósofo Alemán Max Scheilen, que investigó la vida emocional del hombre, el acto sexual es una forma de expresar la personalidad humana.
Psicológicamente, el sexo es el componente sexual del individuo y depende de su educación, hábitos y apetito, exactamente de su educación para formar hábitos normales que modulen el deseo de satisfacer las tendencias sexuales.
La Iglesia, en contrapunto con la frase bíblica de “creceos y multiplicaos” (sexo) porque el sexo garantiza la propagación de la especie, se opone a la enseñanza de la vida sexual en las escuelas, sin tomar en cuenta que la Biblia, el libro más difundido y traducido a 1,800 lenguas y dialectos (en las versiones hebraicas y griegas, católica y protestante) está llena de episodios de crimen, violencia y sexo, sin que ello constituya impedimento para que la conozcan los jóvenes.
Contamos con María, madre adolescente de Jesús, el fratricidio de Caín contra Abel; Absalon, ordenando a matar a su hermanastro Ammor que violó a su hermana Tamar; a David mandando a la muerte al marido de Betsabé para poseerla; la mujer de Putifar, que rechazada por su esclavo hebreo hace que lo encarcelen; Salomé pide la cabeza de Juan el Bautista; Sara, pidiéndole a su esposo, Abraham, que embarace a su esclava Agar; A Lot, siendo emborrachado y seducido por sus hijas para tener descendencia después de la destrucción de Sodoma y Gomorra, antros de corrupción. O Dalila, cortando los cabellos de Sansón, por ella seducido; Judith, decapitando a Holofereres.
Pero también el sabio Salomón del Cantar de los Cantares, un himno de amor humano, famoso por su pasión a la riqueza y la voluptuosidad de quien se dice tuvo 700 esposas y 2,000 concubinas.
Sin embargo, esto no hace que la Biblia sea un libro condenado, sino todo lo contrario.
Incluso Lenin, extremista, llega a decir: la religión es el opio del pueblo.
Bueno, eso es todo por hoy, pero tranquilos que el próximo jueves habrá más.