Invasión
Han pasado 26 años desde la invasión norteamericana a Panamá que desalojo del poder a Manuel Antonio Noriega e hizo añicos a las llamadas Fuerzas de Defensa, sustento armado de la dictadura militar entronizada en la vida nacional desde el 11 de octubre de 1968.
Sin duda la invasión fue un episodio negro en la vida nacional, ya que dejó secuelas de destrucción y muerte, trajó luto y dolor en la familia panameña
Es un hecho que los norteamericanos actuaron basados como en lo que en ciencia política se conoce como "el interés nacional", de la potencia norteña, que advirtió una peligrosa radicalización del régimen castrense y su deslizamiento a corrientes radicales que en ese momento dominaban el panorama político centroamericano.
Lo cierto es que las políticas autoritarias y erradas del régimen de aquel tiempo le costaron al país lágrimas y dolor, porque Estados Unidos –al margen de las acusaciones de delitos contra Noriega- no iba a permitir que el control del Canal saliera de su órbita de dominio.
La gran lección que dejó la invasión norteamericana del 20 de diciembre, cuyo 26 aniversario recordamos hoy, es que los panameños debemos de tener capacidad de diálogo y entendimiento, sino de afuera vendrán a poner orden como sucedió en 1989.
El panameño es pacífico por naturaleza, es mentira que con pailas, pitos y pañuelos se iba a tumbar a la dictadura, por esto tampoco los militares iban a dejar el poder ilegítimamente usufructuado.
Es por ello que hay que fortalecer el diálogo nacional, que el gobierno escuche al pueblo, que se resuelvan los problemas sociales, que cese la persecución política, porque no prestarle atención es crear caldos de cultivo para hechos como aquel luctuoso 20 de diciembre, donde la intervención de la bota extranjera, en una operación militar pudo evitarse si entre panameños nos hubiéramos puesto de acuerdo.
Que si debe declararse o no Día de Duelo, ese es un debate que tardará años en resolverse, las heridas aún están muy recientes en la conciencia nacional.