La fiesta del panameño
Si existe una fiesta sagrada para los panameños, es precisamente el Carnaval. Alteren cualquier otra fecha festiva del calendario, pero no se atrevan a tocarles el Carnaval a los panameños. Es un periodo de jolgorio para la gran mayoría, otros lo aprovechan para viajar al extranjero, descansar y conocer ciudades y culturas. En esta época, ni los compromisos económicos que surgen por el inicio del año escolar afectan la programación que se realiza.
Son cuatro días de fiesta que se inician desde la mañana con los culecos y culminan en la noche con el desfile de reinas y bailes populares. Las mojaderas o culecos no se han suspendido, algunos han reducido su tiempo, otros no dicen nada, pese la escasez del agua que se utiliza para este propósito.
Nuevamente, el Gobierno central estableció un horario para los empleados públicos, de manera que puedan compensar el lunes de Carnaval y la mañana del Miércoles de Ceniza, que por lo regular se labora después de la 1:00 de la tarde. Esta decisión a algunos no les parece muy acertada, sin embargo, la acogen. Consideran más efectivo trabajar dos sábados para compensar el lunes y Miércoles de Ceniza, que laborar una hora adicional al día. Esta disposición hace que se incremente la movilización de los funcionarios a las cinco de la tarde, pues coincide con la hora de salida del sector privado. Queda para un futuro analizar esta opción.
En mi Panamá, el país de las oportunidades, este viernes empieza el éxodo de la población de la ciudad hacia el interior del país, pese a la gran limitación que representa la falta de agua, tema que ya ha sido advertido, de manera que el que se traslada hacia las provincias ya sabe a qué atenerse.
Hagamos de esta fiesta del Carnaval una festividad que se disfrute plenamente; que la belleza de la mujer panameña sea admirada; que la creatividad de los artesanos nacionales responsables de confeccionar los carruajes de las reinas sorprenda y que la alegría de los panameños contagie, con mucha tolerancia y respeto hacia sí mismo y hacia el prójimo, imprimiendo siempre nuestro sello de un país amante de la paz y solidario.
Ahhh, olvidaba algo muy importante, resguarden su hogar, tomen toda la precaución posible, es placentero llegar a casa, luego de una farra y decir: hogar, dulce hogar.