La lucha por el derecho
En el plano ideal, del “topus uranus”, como diría Platón al referirse al mundo de las ideas, el derecho como epítome de lo justo y de lo bueno debería siempre prevalecer, pero en el mundo real nos damos cuenta de que no es así, ya que lo que se impone es la lucha por el derecho.
Es por ello que me han parecido supremamente interesante las ideas del jurista alemán Rudolf Von Ihering, en un librillo que andaba dando vueltas por allí y que finalmente resolví leer.
La tesis del abogado alemán es simple pero contundente: el fin del derecho es la paz, pero el medio para alcanzarla es la lucha, en ese sentido, fue primero y más amplio que Kelsen cuando aseguró que el derecho es un pacificador social, pero olvidó agregar que a esa paz se llega luego de una larga batalla.
En esa contienda, la voluntad del litigante es la que alimenta su deseo de que la idea de la justicia descienda al alma de los jueces, que son los que finalmente la otorgan en este mundo terrenal.
En “La Lucha por el Derecho”, Ihering habla de esta lucha en el plano individual y en el plano colectivo.
En ambos casos, lo que queda en pie es que la búsqueda de la justicia es una larga fatiga a la que debe propender el jurista, quien tiene que luchar sin descanso porque prevalezca la ley.
Claro está que esta lucha es en el plano del proceso, usando la técnica jurídica más adecuada a la naturaleza jurídica de esta lucha, pero sin perder de vista que es una lucha de voluntades, “el proceso como juego”, a decir de Calamandrei.
“El derecho es una idea práctica, es decir, evoca un fin”, dice el jurista.
Ejemplo de esta lucha universal por el derecho lo tenemos en la realizada contra la segregación racial en EE.UU., la lucha por el imperio de las libertades públicas en diversos países, la lucha por una prescripción adquisitiva, en fin, todo escenario en el que exista una injusticia que deba ser remediada.