Plata
“ ¡Está prohibido olvidar!” lo sucedido en la dictadura, aunque hayan pasado 25 años de su caída ante la invasión norteamericana. Aquellas personas que tenían dinero también sufrieron la crisis. Buscaron diversas soluciones. Varias veces hice el papel de “guardaespaldas” armado (tenía permiso legal). Mi “salario” era meter mis cheques con los de ellos. Así no tenía que pagar la “comisión” de los “cambiadores”. En un caso protegí a un profesional con un maletín lleno de efectivo y cheque. Tenía su “combinación” con un banco norteamericano. Entraba “por la puerta de atrás”. Supervisaba la actividad para evitar un asalto. Dinero panameño se fugaba a EE.UU. Otro sistema era hacer “bolsillos” en el saco del caballero. Lo llevaba temprano al aeropuerto. Iba a Miami, depositaba su plata y regresaba por la tarde. Otros enviaban fortunas en “valijas diplomáticas”… Guardaban plata en lugares escondidos de sus casas. Siempre existía el miedo a un asalto. Los que no tenían plata buscaban otras maneras de sobrevivir. Numerosas damas vendieron y empeñaron sus joyas. Trataban de vender muebles y adornos finos de la familia. Campesinos recibían “lo que fuera” por sus artesanías. Me vendieron sombreros pintados en cinco dólares cuando el precio era diez veces mayor. Una camisilla típica de 40 dólares me la dieron en 10. En las esquinas aparecieron campesinos vendiendo frutas y verduras. Recuerdo que una agencia de carros hizo anuncios diciendo que “si Ud. compraba un auto grande… le regalaban uno ¡chiquito!”. Autos usados se vendían “por lo que fuera”. Personas deambulaban por las ciudades pidiendo empleos “de lo que sea”. Por no pagar, los cortes de luz y agua abundaban. La gente se las ingeniaba para hacer conexiones “brujas” y seguir viviendo de manera adecuada. No era de extrañar que algunas visitas se hicieran a la hora del almuerzo o la cena. A veces se invitaba a la visita a comer “algo”. Varios lograron irse al exterior. En Canadá se dio asilo a numerosos panameños, muchos de ellos pobres. Daba dolor que personas con título universitario se ofrecieran a hacer trabajo “por el dinero que le pudieran dar”. Gente que llorosa pedía algo de trabajo en la casa por comida era frecuente. Muchos se fueron al campo “porque allá al menos hay comida”. Otros venían del campo a la ciudad porque “sería mejor”. (Por eso y muchas cosas más, los soldados invasores fueron recibidos con aplausos en ciertos sitios… aunque todavía le duela a más de uno).