¿Quién dice la gente que soy yo?
La Palabra de Dios nos cuenta que Jesús cuando: “estaba orando a solas, se hallaban con él los discípulos y él les preguntó: ¿Quién dice la gente que soy yo?” Lucas 9, 18
Ese texto nos enfrenta a una realidad que hoy en día aún ocurre cuando construimos una imagen de Jesús alejada de la realidad. En el pasado podían confundir a Jesús con un profeta, el líder de una secta revolucionaria, con un estafador, o hasta con un loco.
Hoy día puede haber versiones similares de Jesús, pero en mi opinión hay otras que son más peligrosas aun que las anteriores. Podemos construirnos un Jesús a la medida de nuestros gustos.
Por ejemplo, tenemos al Jesús bombero, al que solo hay que llamar o acudir cuando hay problemas; tenemos al Jesús maestro ascendido que tiene mucha sabiduría, pero que se puede comparar o igualar a otros maestros sabios; otro sería el Jesús cómplice, aquel que todo lo que hacemos está bien y no nos corrige; Jesús financista es aquel que promete que si seguimos sus enseñanzas, vamos a ser millonarios y un signo de que somos obedientes es que prosperamos económicamente.
La lista es interminable, mencionamos solo algunos por vía de ejemplo. Él nos dijo: Yo soy el Camino la Verdad y la Vida, pero eso es más que todo para llevarnos al Padre Celestial. Por lo tanto, el peligro está cuando relativizamos el sentido de la comunión con Dios como algo que podemos prescindir, en función de nuestras necesidades terrenas.
Busquemos a Jesús en la Iglesia que él fundó, la Iglesia católica, y nos encontraremos con el Jesús verdadero que nos ama, quiere liberarnos del pecado y regalarnos vida en abundancia.