¿Quién es mi prójimo?
En el evangelio según san Lucas 10, 29 a Jesús le preguntan: “¿quién es mi prójimo?” y Él responde con una parábola que acostumbramos llamar del buen samaritano. En la misma nos llama la atención la bondad del samaritano y la desidia de los otros protagonistas.
Sin embargo, es recomendable para su adecuada meditación confrontarla con nuestra propia realidad.
Podemos empezar diciendo que Cristo en el evangelio según san Mateo nos dice que saludar a los que nos saludan o amar a los que nos aman no tiene mayor mérito.
Por lo tanto, sería interesante meditar cómo actuaríamos nosotros si encontramos a una persona que consideramos que ha sido muy injusta, por ejemplo un violador, asesino o pederasta, en el camino de la vida, desvalido y sufriendo… ¿lo consideraríamos un prójimo? ¿lo veríamos como alguien a quien debemos ayudar? O tal vez pensaríamos que se merece lo que le está pasando y, por lo tanto, no hay que aliviarle su dolor.
Jesús nos llama a ser como el Padre celestial que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos.
Esta meditación nos permite vislumbrar nuestra realidad frente a lo que Dios espera de nosotros y no de lo que nosotros nos hemos puesto como meta para ser supuestamente buenos.
Porque ser bueno con los buenos no es muy difícil, lo difícil es ser bueno con los malos y desagradecidos.
Frente a eso podemos discernir que si solo somos buenos con los que consideramos buenos, no hay gran diferencia entre nosotros y los que están lejos de Dios.
Si aspiramos realmente a ser hijos de Dios, debemos hacer el bien a todos, incluso a los que pensamos que no se lo merecen.