Salud sexual y reproductiva
Sin duda alguna, un tema muy delicado para la familia panameña lo constituye la educación sexual y reproductiva de niños y jóvenes, ya que si hubiera más información al respecto, se evitarían situaciones como embarazos en niñas y jóvenes, enfermedades de transmisión sexual como el VIH-sida.
Es un hecho que los niños y jóvenes deben tener una educación sexual para hacer uso responsable de su cuerpo y sexualidad, pero esa educación debe estar inspirada en valores, no solo en el conocimiento mecánico de la propia sexualidad.
Esos valores de los que hablamos vienen inspirados desde el seno familiar y no pueden ser impuestos de manera automática por las escuelas. Hay que ser cuidadosos para no pervertir las mentes inmaduras de los niños.
Consideramos que hablarle a un niño de sexo anal, sexo oral, uso del condón, diversidad sexual o relaciones sexuales, sin una adecuada formación espiritual, puede a la postre hacerles más mal que bien.
En la Asamblea de Diputados reposa desde el 2014 el anteproyecto 61 de salud sexual y reproductiva, que no dudamos que su propulsor tenga buenas intenciones, pero hay que hacer los ajustes y las consultas para lograr un documento aceptable para la mayoría.
Una educación sexual debe ser positiva y prudente, adecuada a la edad del niño y adolescente, y de acuerdo con el avance de la psicología, la pedagogía y la didáctica.
Que no se venga a confundir la mente inmadura de los niños con tesis sexualistas, que lo que buscan en el fondo es quitarle el derecho a la familia de educar una sexualidad responsable en los más jóvenes. Los padres también deben preocuparse por esos temas y no pretender que son tabúes.
El país está pendiente de que en la discusión de este anteproyecto no se entronicen prácticas contra natura ni posturas a favor prácticas sexuales libres, cuando aún los jóvenes y niños no han adquirido la madurez mental necesaria para conocer el alcance y las consecuencias del ejercicio de su sexualidad.