Semillas multinacionales
Diez empresas controlan el 67% del mercado mundial de semillas. Las tres mayores, Monsanto, DuPont y Sygenta, poseen casi la mitad de esta fuerza que va en aumento. Hay que tener en cuenta que para el 70% de los más desfavorecidos que viven en zonas rurales, la agricultura es la mayor fuente de trabajo e ingresos.
La semilla es un medio de producción y un producto. Por ello su control puede suponer el dominio del sistema alimentario.
La Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales (UPOV) es una organización intergubernamental creada para proporcionar y fomentar un sistema eficaz que proteja las variedades vegetales. Sin embargo, su política se acerca a la privatización. Concede propiedad sobre variedades descubiertas y otorga derechos de monopolio sobre la producción, comercialización, exportación e importación.
El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (Usda) y la Delta and Pine Land (D&PL) desarrollaron una nueva biotecnología agrícola que, según ellos, era un “control de la expresión genética de las plantas”. La realidad es que crearon una serie de semillas estériles mediante la selección del ADN de determinadas plantas. El objetivo es que la planta mate a sus propios embriones. Esta medida obliga a los agricultores a comprar semillas cada año a la misma empresa u a otra. Aun así, la patente fue solicitada en cerca de 78 países. Además, el Usda recibe un 5% del beneficio obtenido por las ventas de esas semillas.
Aunque en Costa Rica, Panamá, República Dominicana y Perú aplican la UPOV 91, América Latina ha defendido de manera activa los derechos de los agricultores.
Campesinos que dieron vida a miles de variedades en distintas regiones con pasión y sacrificio. Personas que vieron cómo de una milésima de semilla brotaban los tallos de sus generaciones y florecía el alimento del mundo.