Subsidios
Redacción
Decía un pensador que la mejor forma de arruinar una idea es llevarla hasta el extremo, porque así se desbordan los límites de su validez. Algo así ha sucedido con los llamados subsidios que se iniciaron, y en algunos casos se profundizaron, bajo la gestión del expresidente Ricardo Martinelli.
Subsidios como 100 a los 70, la Beca Universal, la profundización de la Red de Oportunidades, iniciada bajo la gestión de Martín Torrijos, y algo que nadie menciona, pero que la inmensa mayoría de los panameños goza: el subsidio al tanque de gas de 25 libras y a la energía eléctrica. Son una necesidad incuestionable.
La anterior administración tuvo el valor de mantener los subsidios y mejorarlos, para beneficio de los panameños pobres que realmente los necesitan.
Sin embargo, vemos como la demagogia política quiere restarle seriedad a la palabra “subsidio” al banalizarla. Así se habla de subsidio a los que estudian de noche, a las piponas, a los gordos, a los flacos, a los desempleados, etcétera, etcétera, lo que le resta seriedad al término.
El subsidio debe ser producto de un estudio científico y sociológico, debe ser general y amplio para no crear privilegios a un sector a costa de otro, debe ser efectivo y, sobre todo, motivador. Cuando se habla de subsidiar el tanque de gas, eso está bien porque beneficia a miles de panameños, igual con la luz y la compra de útiles escolares.
Que no pretenda el gobierno actual prostituir la palabra subsidio con mezquinos fines políticos. El paternalismo crea vagancia y desmotivación, y lo que plantean los diputados que alegremente hablan de subsidios es crear una sociedad vaga y clientelista. Cuidado con esto.