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Falta de respeto

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Falta de respeto

Durante años he tenido una relación con un "fake husband", es decir, un falso esposo, luego de que nuestras familias se gastaron una fortuna con nuestra boda y que descubriéramos que no nos amamos, acordamos seguir con la farsa del matrimonio para evitar una terrible crisis familiar y el dolor de nuestros padres. En ese punto cada uno comenzó a tener aventuras de todo tipo siempre guardando las apariencias. Sí tuvimos un tiempo en que teníamos buen sexo. Él es grande en todo sentido y yo soy una mujer atractiva con muchos pretendientes que ahora son mis amantes.

Sabe tratar

En la cama él es muy detallista y sí que sabe darle gusto a cualquier mujer. Porque es muy paciente, no es de los brutos que la clava en seco y se viene a la tercera sacudida y deja a la mujer tirada con las piernas muy abiertas mirando el techo y con cara de idiota preguntando: "eso es todo". Eso solo se lo aguantan las pelaítas, no una mujer como yo acostumbrada a los orgasmos múltiples. Eso fue lo que me conquistó de él, que se tomaba su tiempo para calentarme. Me rochaba, besaba, me pasaba sus dedos por todos lados y me pajeaba. Luego me babeaba las tetas, pero por un buen rato hasta que me dolían los pezones.

Sabía zambullirse

De ahí bajaba al monte de Venus y me la volvía a tallar con su boca y su lengua, era tal el gusto que me daba mojándomela toda que se me hinchaba y ponía roja de las ganas de que me la clavara, y ahí era la locura. Le iba llenando con su muy larga cosa despacito, muy despacito, no era zamparla como quien juega guacho con un palo. No, él sí sabía zambullirse como un clavadista olímpico. La iba deslizando con una suavidad que arrechaba más. Me llenaba con su carne que mi concha le sentía todas sus venas y músculos, la cabeza enorme se chocaba con la boquita de mi útero. En ese momento me venía una, dos y muchas veces, solo tenía que moverme y tenía otro orgasmo.

El sexo acabó y con él nuestro amor

Ya en esa condición yo estaba desbaratada, dominada por el placer de tenerlo, entonces la sacaba y me la enfilaba por el más chiquilín, ahí se ponía bruto y no paraba de pataconear hasta que le explotaban los sesos y se le salía el cerebro por la boquita del pene y me lo chorreaba todo. Me llenaba tanto que cuando me paraba yo iba dejando un caminito de semen hasta el baño y quedaba por días con el chiquito todo resbaloso manando leche. Eso fue lo que acabó con nuestro amor: demasiado buen sexo. Ahí fue que aprendí que el amor no solo es sexo.

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