Educación, cultura y acción: ejes para un desarrollo sostenible

En su vigésima octava edición, que tiene por lema "De la selva del Darién a la Europa de Carlos V", la Ruta Quetzal BBVA visita Panamá y la Unión Europea (Bélgica, España y un fugaz paso por París) hasta el 23 de julio, fecha en que los cerca de 250 expedicionarios dirán adiós a más de un mes de convivencia.

La educación, la cultura y la acción son los tres ejes sobre los que se articula un desarrollo sostenible o, al menos, eso se desprende de lo que hoy pudieron aprender los expedicionarios de la Ruta Quetzal BBVA en las aulas de la Ciudad del Saber, de Panamá.
Tras conocer en días pasados uno de los entornos más biodiversos de la tierra -el Parque Nacional del Darién es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1981 y Reserva de la Biosfera desde 1983-, varios expertos ampliaron hoy la experiencia de los "ruteros" con la realización de varios talleres.
"No podemos seguir haciendo lo mismo como hemos aprendido a hacerlo de nuestros ancestros, de nuestros abuelos. Estamos en una crisis global y lo que está en peligro es la propia supervivencia del ser humano como especie. Tenemos que desaprender a hacer muchas cosas y aprender a hacerlas de otro modo", declaró a Acan-Efe Lourdes Lozano, socióloga y consultora ambiental.
Lozano impartió un taller sobre el desarrollo sostenible, en el que desglosó su amplio bagaje en el estudio de manglares, "el ecosistema más rico del planeta tierra", como así lo definió, y describió el ejemplo de Chame (en la provincia de Panamá), región donde los resultados de las investigaciones se pusieron al servicio de la población.
"La educación debe ser útil para transformar la realidad de la gente, para que la gente aprenda a vivir mejor", insistió a Acan-Efe posteriormente.
Lozano concedió una gran importancia a dar "soluciones locales a problemas globales" y apuntó que "hay que actuar con conciencia, con responsabilidad, con compromiso, con organización" para lograr mejorar el medioambiente.
La misma línea de acción reclamó en su aula Jorge Luis Ventocilla, biólogo especializado en el manejo de vida silvestre, quien trabajó durante 25 años para el centro de Biología Tropical que el Instituto Smithsonian estadounidense tiene en Panamá.
"Si se pudo negociar de tú a tú en términos justos, o bastante justos, con el león, cómo no se va a arreglar un problema de enfermedades por el agua en Darién?", reflexionó ante Acan-Efe Ventocilla, en alusión a los tratados Torrijos-Carter de 1977, que derivaron en la entrega de la administración del Canal de Panamá al país centroamericano.
Ventocilla, que impartió un taller sobre el uso económico de la biodiversidad ambiental, en el que explicó que esta "tiene un papel cotidiano" en nuestras vidas, se quejó de la "falta de ganas" de llevar proyectos adelante.
Este biólogo insistió a sus alumnos en que hay que "conocer, querer y proteger la biodiversidad en la región" antes de "dejar que se exploten los recursos".
Además de estos dos talleres, hubo cuatro más: ecosistemas del bosque tropical panameño: Parque Nacional del Darién; políticas de conservación y gestión de un patrimonio diverso; redes de emergencia y asistencia sanitaria ante catástrofes; y el agua como recurso escaso y de vertebración social.
La Ciudad del Saber es un centro internacional de servicios dedicados al desarrollo de formación de recursos humanos y a la investigación, la producción de tecnología innovadora y el intercambio cultural.
Este centro, gestionado por una fundación privada sin fines de lucro, está situado entre el emblemático Canal de Panamá y el Parque Natural Camino de Cruces, e integra 35 organismos y ONG internacionales, 28 programas académicos y 71 de investigación.



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