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Cebolleros

Por: Milcíades Ortiz Catedrático -

La tranquilidad de Cerro Punta fue interrumpida por los gritos que salían de un altoparlante colocado en un vehículo. Algunos turistas que buscaban flores y fresas en ese hermoso lugar de Tierras Altas de Chiriquí se quedaron extrañados. Una voz de trueno llamaba a los productores de cebollas, papas y otros rubros a una reunión en horas de la tarde. Señalaban que había que oponerse a la traída de esos productos del extranjero, ya que causarían pérdidas a los agricultores de esa región.

Al día siguiente hubo cierre de vía en ese sitio. Se protestaba porque, pese a que hay miles de quintales de estos cultivos, se quiere comprar en el extranjero lo mismo. Esto es algo que ha ocurrido en varios gobiernos. Recordamos que años atrás, un finquero de papas nos dijo que si no lograba vender su producto, tendría que dejar de sembrarlo. Señalando a decenas de indígenas que desenterraban las papas con sus manos, agregó: "A todos ellos tendré que botarlos y no van a encontrar empleos en otros lugares". No importa que la cebolla o la papa extranjera sean más grandes que la panameña. Un país es realmente independiente cuando puede producir la comida de su pueblo.

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En los últimos años, la actividad agrícola ha disminuido en Panamá. Por eso se gastan millones de dólares al año en la compra de maíz extranjero, llenando de dinero nuestro a productores de otros países. Un pequeño cebollero comentó que para cobrar dos mil dólares al Gobierno tuvo que esperar más de medio año. Existen quejas de que las instituciones que deben promover los cultivos en Panamá no están actuando de una manera eficiente. Es lamentable escuchar a panameños que hacen muchos esfuerzos por sacar comida de la tierra. Ellos no están pidiendo limosnas, sino lo necesario para seguir alimentando al pueblo. ¿En qué país vivimos donde se prefiere lo extranjero a lo nacional? Se pudren miles de quintales de comida mientras esos productos se venden caros.

No nos cansaremos de señalar que Panamá es primero y para los panameños. Tampoco dejaremos de indicar que hay que mejorar la asistencia técnica a los productores, los seguros contra daños como las sequías y acabar con la vergüenza social de que personas honestas y trabajadoras tienen que cerrar calles para garantizar el pan de sus familias y la del resto de los panameños.

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