Block title
Block content
Block title
Block content

El Vidajena

Por: Redacción -

Publicidad


Cuando el pacierazo Pedrito le puso cuarto en el patio limoso a Cristobalina, esta guial era manso pai. Su carita era la de una muñequita, su cuerpo de curvas sinuosas, se conservaba delgadita como una modelo y tenía buen carácter.

Pero, a medida que pasaron los años, Cristobalina se fue poniendo gorda, ya no tenía curvas, su carita linda también engordó y sus cachetes eran igualitos a los que una cerda y su carácter era endiablado.

El man estaba arrepentido de haberse juntado con una hembrita que no supiera guardar la línea y que estrilara por todo, que respondiera con grosería cuando él quería llevarla al tálamo nupcial.

La verdad es que Cristobalina tenía razón, en parte, porque el buaycito la había hecho sufrir mucho con sus calaveradas. No salía de los cabaretuchos del mercado, alternando con las fulas extranjeras, comprando sus caricias y gastándose hasta el último centavo que bien podría servir para comprar las latas de leche para los come arroces y para las libras de mondongo que comían diariamente.

Pedrito ignoraba, o fingía hacerlo, que Cristobalina había tenido cinco come arroces, uno cada año, porque el paciero no quiso sacar televisor en la mueblería del españolito. Quería que no hubiera nada que distrajera la atención de Cristobalina, para que buscara sus amorosos brazos en el tálamo nupcial y así fueron fabricando todos esos come arroces y todavía pensaba traer más rapaces a sufrir penalidades a este valle de lágrimas.

En la fábrica donde Pedrito agachaba el lomo, había una preciosa chichi de nombre Estebana, una cholita muy buena operaria en la confección de ropa. El man empezó a cortejarla y ella cayó. Muy pronto se les vio salir al baile típico donde bailaba en un solo ladrillo.

El buaycito le dijo a Estebana que era soltero, sin compromisos y que no tenía hijos regados por ahí como acostumbraban muchos. Y Estebana le creyó porque estaba caída con él.

Se veían en uno de esos residenciales que están ubicados por la Avenida Cuba y sus alrededores disfrutando noches de inmenso placer.

Cristobalina al ver que su adorado tormento no iba al chantin empezó a sospechar que le estaban poniendo la cornamenta. Averiguó quién era la otra, pero no pudo saberlo.

Por esos días Pedrito estaba buscando cuarto por las afueras para que Cristobalina no fuera a molestarlo, pero luego de pensarlo mejor decidió coger el toro por los cuernos y afrontar las consecuencias.

Aquella tarde fue dramática. Pedrito apenas llegó del trabajo, rechazó el mondongo que la gorda y fea Cristobalina le sirvió y de inmediato le dijo que la iba a dejar. Que había conseguido otra quita frío, esta vez más joven, con un cuerpo bien formadito, no amondongado como el de ella.

Tanto Cristobalina como sus cinco come arroces se pusieron a llorar diciéndole a papá que no se fuera, que no dejara a mamita. El man se mostró cruel y desentendido con su tribu de rapaces y cogió su maleta de cartón, la que amarró con una cuerda para que no fuera a abrirse por el camino y se fue con viento fresco.

Ya le había conseguido un cuarto a Estebana por el Chorrillo. Allí iniciaron Estebana y Pedrito su vida matrimonial dejando a su familia anterior muriéndose de hambre.

Cristobalina echó mano de su viejo celular pre pago y llamó a sus hermanos a un pueblecito de la provincia de Chiriquí y les contó todo el movi.

Los seis hermanos, todos campeones de boxeo en las cantinas del viejo mercado de David, cogieron un bus y se mandaron a cambiar para la capital.

Cuando se reunieron con su hermanita querida, esta les condujo al Chorrillo al nuevo hogar de Pedrito y cuando llegaron, sorprendieron a la parejita refinando el almuerzo a base de mondongo picante con arroz blanco, y sin mediar palabra se formó el barrio de trifulca.

Fue mansa paliza la que le propinaron a Pedrito, mientras Cristobalina apambichaba a Estebana, el doctor Esculapio tuvo que demorar varias horas atendiendo a los lesionados.

Nos han dicho que los hermanos han obligado a Pedrito a dejar a su nueva mujer y volver con su primera familia, so pena de propinarle otra golpiza y esta vez, es muy probable que cante el Manisero. Tome nota.

Block title
Block content
Block title
Block content