Belfast trata de recuperar la normalidad tras los disturbios más violentos
La reforzada presencia policial, que dialogaba con los vecinos, y la ausencia de ruido en las redes sociales propició una noche de jueves tranquila en la capital, por primera vez desde el principio de esta semana.
La ciudad de Belfast vive este viernes la resaca de varios días de tensión por el apuñalamiento de un vecino de la capital de Irlanda del Norte a manos de un inmigrante sudanés, un incidente que ha causado algunos de los peores disturbios de los últimos años, en este caso por motivos racistas.
Al ataque ocurrido el lunes le siguieron dos noches de violencia extrema, con autobuses, coches y viviendas incendiadas en zonas unionistas probritánicas del este y norte de Belfast, donde los alborotadores también se enfrentaron a las fuerzas del orden.
Las convocatorias en redes sociales de cuentas de la ultraderecha llevaron a cientos de encapuchados vestidos de negro a sembrar el pánico con llamas, intimidación y ‘listas negras’ para, casa por casa, expulsar de sus hogares a familias enteras de inmigrantes.
Calma tensa
Las impactantes imágenes de una ciudad de nuevo en guerra han dado paso este viernes a una calma tensa en las zonas afectadas por las protestas, donde la pasada noche volvieron a concentrarse grupos de manifestantes, según pudo comprobar EFE.
La reforzada presencia policial, que dialogaba con los vecinos, y la ausencia de ruido en las redes sociales propició una noche de jueves tranquila en la capital, por primera vez desde el principio de esta semana.
En contraste, el centro de Belfast ha disfrutado durante estos días de una relativa normalidad. Los muchos turistas que visitan ahora esta bellísima región tras el éxito del proceso de paz han seguido paseando por sus calles principales.
Culpas cruzadas entre unionistas y proirlandeses
No obstante, la ciudad también ha escuchado los ecos del pasado conflicto -eufemísticamente llamado ‘The Troubles’ (Los Problemas)-, que enfrentó a católicos, protestantes y fuerzas de seguridad durante casi 30 años y causó mas de 3.000 muertos.
Como en lo peor de aquellos años, los autobuses urbanos dejaron de circular a las 17.30 horas de la tarde, los trenes a las 20.00 y las escuelas cerraron antes de tiempo. El centro de Belfast se amodorró para acoger casi exclusivamente en sus bares y restaurantes a la parroquia visitante.
La tensión racial sigue muy presente
La tensión racial, sin embargo, sigue muy presente, recuerdan a EFE los vecinos concentrados en Newtownard Road, junto a los astilleros del ‘Titanic’, «para ver qué pasa esta noche». Dicen que no apoyan la violencia, pero insisten en que la «inmigración masiva» se ha convertido en un problema de seguridad.
Esta es la tesis que plantea el probritánico Partido Democrático Unionista (DUP), mayoritario en esta zona del este de la capital y socio en el Ejecutivo de poder compartido del nacionalista proirlandés Sinn Féin, antiguo brazo político del ya inactivo Ejército Republicano Irlandés (IRA).
Después de presentar un frente unido el martes, con llamamientos conjuntos a la calma tras el apuñalamiento, ambos partidos ya han comenzado a culparse mutuamente por los disturbios y las políticas migratorias.
La ministra principal norirlandesa y líder del Sinn Féin en la provincia, Michelle O’Neill, ha señalado que «muchos de los horrorosos ataques» perpetrados contra hogares de migrantes ocurrieron «en las principales» áreas unionistas.
Se sigue investigando
A este respecto, la dirigente republicana ha avanzado que la Policía norirlandesa (PSNI) sigue investigando si grupos paramilitares protestantes están involucrados en la protestas.
El Gobierno laborista del Reino Unido, igual que el DUP, sostiene que tras el Brexit existe un problema con las fronteras que separan a la República de Irlanda -que está en la Unión Europea- y Gran Bretaña (Escocia, Gales e Inglaterra).
El supuesto autor del apuñalamiento del lunes, el sudanés Hadi Alodid, ha sido acusado de intento de asesinato por el ataque con cuchillo contra Stephen Ogilvie, que ha perdido un ojo, está hospitalizado en estado estable y cuya familia ha rechazado la violencia en los disturbios.
La PSNI sostiene que Alodid viajó desde Sudán a París y, posteriormente, de la capital gala a Dublín, en fechas que se desconocen. Después tomó supuestamente un autobús hasta Belfast, a través de esa frontera invisible, en febrero de 2023, donde solicitó asilo inmediatamente.
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