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Curiosidades de la JMJ

Todo el entretelón de la misa inaugural de ayer en la playa que concentró a unos 500.000 jóvenes en Copacabana.

Río de Janeiro
La Nación


El comienzo de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), ayer en esta ciudad, no logró atraer al sol pero sí cautivó a unos 500.000 jóvenes en Copacabana, ansiosos por dar la señal de largada al evento que los acercará aún más al papa Francisco. Claro que, con la presencia de incontables adolescentes y jóvenes adultos, las anécdotas se multiplican día a día.

"Quien es fiel compra oficial", dicen desde la organización de la JMJ, que incluso habilitó una página de Internet donde los fieles de todo el mundo pueden comprar el merchandising oficial de la visita del papa Francisco a Río de Janeiro.

Además de la opción virtual, van hacia el evento más importante de cada día 276 vendedores oficiales, según contó a LA NACION uno de ellos, Wilson Marques Rodrigues, quien ayer instaló un puestito en la costanera de Copacabana, donde unos 500 mil jóvenes se reunieron por primera vez.

"Viene la gente y pide uno de cada cosa", respondió Wilson ante la pregunta sobre lo más vendido. Un compañero suyo, que también lleva la pechera que lo identifica como vendedor oficial y donde están estampados los precios de los productos, afirmó que lo que más se vende es el paquete de cuatro pins con la bandera argentina.

Los cuatro prendedores salen 15 reales, mientras que las remeras ascienden a 30 o 50, según el modelo o el talle. Un rosario de la jornada tiene un costo de 20 reales, y la gorra con visera, 15. Además, para los eventos largos ofrecen banquitos a 15 reales y para los días lluviosos, una capa de plástico a 5.

Sin mucho disimulo, aunque con un despliegue mucho menor, pasean cerca de los vendedores oficiales aquellos que quedaron fuera del ámbito formal. Venden productos ligeramente distintos a los que patrocina la organización y a un precio menor, y muy regateable . Una remera no oficial sale 25 reales. También ofrecen paraguas con imágenes emblemáticas de la ciudad a 20. Otro vendedor, rodeado de gente, vende recuerdos de la Jornada, como un llavero a 3 reales.

Ayer, cuando las canciones de artistas invitados a la jornada se reproducían en las pantallas dispuestas a lo largo de la playa de Copacabana, muchos jóvenes decidieron hacer su vida en la playa como si fueran vacaciones. Así, varios de ellos se volcaron a los deportes, como un equipo australiano que se divertía con una pelota de rugby, mientras que un grupo cosmopolita jugaba al fútbol, un deporte que despierta pasiones en este país.

Envuelto en una bandera de Italia, que no permitía ver bien la sotana que demostraba que es franciscano, Francesco Rossi de Gasteris se ríe cuando le preguntan su nombre después de una conversación sobre Francisco.

"Francesco", contesta, mientras sus amigos se ríen, como si su nombre tuviera una connotación distinta desde que en marzo el cardenal Jorge Bergoglio eligió ese nombre, a quien nunca pudo conocer pese a vivir a algunos kilómetros de distancia del Vaticano.

Este hombre de 37 años, de hecho, llegó a Río desde Cumbria, una localidad muy relacionada con el Papa y su inspirador, San Francisco de Asís. "Es un papa a quien realmente le importa la gente. Es simple. Representa lo que la gente debería ser. Además es cercano a la gente", opinó.

¿Cómo hacen grupos con decenas de jóvenes para no perderse? En la JMJ hay un hábito que se está convirtiendo en costumbre: grandes grupos caminando de la mano por la calle, por la playa o por los restaurantes, en una suerte de regresión a la infancia con fines pragmáticos.

Sin importar el idioma, los jóvenes que se cruzan en esta ciudad solicitan a sus pares de otros lugares del mundo un regalo. Es una tradición de este evento. Los peregrinos traen objetos representativos de su congregación o diócesis y la intercambian con otros fieles.

La chilena Cinthia Claros se hizo fanática de esta práctica y va con su mazo de estampitas de Calama, su diócesis chilena, mientras muestra las estampitas, señaladores y pulseras que recibió en las primeras horas de la jornada.

"El Papa es una persona con mucha piel con todos los jóvenes. Siempre está cerca, sin guardaespaldas ni nada de eso", dijo Claros, quien el lunes vio de cerca al primer papa argentino cuando trabajaba como voluntaria en la recepción del sumo pontífice.


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