Terremoto en Japón deja 34 muertos y miles luchan por agua y refugio
Más de 74,000 viviendas siguen sin agua en toda la prefectura de Kumamoto, 48 horas después de ser golpeada por el sismo más grave vivido en el archipiélago en dos años.
Cortes de agua y electricidad y un calor extremo complicaban el día a día de las miles de personas que seguían buscando refugio este jueves en centros de evacuación o en sus propios coches en el sudoeste de Japón tras el terremoto de magnitud 7,1 que ha causado al menos 34 muertos.
Miembros de las Fuerzas de Autodefensa japonesas (Ejército) repartían agua con un camión cisterna a aquellos que se acercaban al Centro Cultural de Hinokimi, dentro de la ciudad de Kumamoto y muy cerca del epicentro, según pudo comprobar EFE.
Equipos sanitarios paseaban además por la zona, monitorizando la salud del centenar de evacuados que acoge hoy el edificio.
Más de 74,000 viviendas siguen sin agua en toda la prefectura de Kumamoto, 48 horas después de ser golpeada por el sismo más grave vivido en el archipiélago en dos años, y que deja aún unos 10,000 evacuados.
"Ofrecemos un lugar temporal para vivir a aquellos que han visto sus viviendas dañadas, además de distribuir comida sencilla y ofrecer cosas necesarias como baños", explicó a EFE Tanaka, el responsable de este centro, uno de los cerca de 400 que siguen activos en la prefectura.
Inmediatamente después del sismo, el edificio llegó a acoger a más de 300 personas, según relató el responsable, aunque este jueves el número se había reducido a algo más de 100.
Entre los evacuados hoy estaba Yuji Ioka, de 37 años, incapaz de regresar a su vivienda por haber sufrido daños considerables.
"Creo que me voy a quedar un día o dos más, aquí nos ofrecen agua, aire acondicionado y comida", afirmó a EFE, tranquilizado por la solidez de un edificio que, con todo, se encuentra a unas pocas paradas de autobús del centro comercial que el martes registró una explosión por una aparente fuga de gas, matando a cinco personas, y donde los equipos de rescate siguen buscando desaparecidos.
Calor extremo
Junto con la escasez de agua potable por el impacto del terremoto en la infraestructura y el cierre de muchas tiendas de alimentación, la falta de electricidad y las altas temperaturas se han convertido en una de las principales preocupaciones de las autoridades.
"La zona sufre un calor extremo, con temperaturas superiores a los 35 grados (...). El riesgo de insolación está aumentando considerablemente", afirmó la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, en una intervención ante los medios este jueves.
El calor extremadamente húmedo del país hace que la sensación térmica real sea muy superior a la que marcan los termómetros y dificulta la secreción de sudor que regula naturalmente la temperatura corporal, lo que aumenta los riesgos para la salud.
Las Fuerzas de Autodefensa se han encargado de enviar incluso generadores eléctricos y unidades de aire acondicionado, y repartirlos en refugios donde el personal local se encarga de instalarlos, detalló el ministro de Defensa, Shinjiro Koizumi.
La cifra de evacuados no tiene en cuenta a las personas que han preferido refugiarse en la intimidad de sus propios coches, aunque algunos de ellos lo hagan incluso en los aparcamientos cercanos a los refugios, como pudo comprobar EFE en el centro cultural.
Las autoridades japonesas son conscientes, tras la experiencia de los terremotos consecutivos que golpearon esta misma región hace una década y dejaron más de 200 muertos, que cuantos más evacuados en sus vehículos, mayor será el consumo de gasolina.
"Entiendo que muchas personas todavía duermen en sus coches", dijo Takaichi, antes de ordenar al ministro de Economía, Comercio e Industria, Ryosei Akazawa, "garantizar un suministro suficiente de combustibles como la gasolina para que puedan usar el aire acondicionado en sus vehículos sin problemas".
El síndrome de la clase turista
Además de la falta de gasolina para enfriar los coches, en Japón las autoridades temen otro fenómeno relacionado con las evacuaciones en vehículos, el denominado síndrome de la clase turista o trombosis del viajero, que puede afectar a aquellas personas refugiadas en sus coches que permanecen en una misma posición durante demasiadas horas.
"Para prevenir el síndrome de la clase turista, el personal de los centros de salud pública ya está realizando rondas de inspección; les pido encarecidamente que refuercen este seguimiento", pidió Takaichi la víspera.
El fenómeno es bien conocido en el archipiélago japonés. Tras los fuertes terremotos que sacudieron Kumamoto en 2016, una mujer de 51 años falleció a causa de una embolia pulmonar tras haberse refugiado en su coche tras los seísmos y numerosos de los fallecimientos asociados al terremoto de la península de Noto (centro) de 2024 perdieron la vida por esta condición, como en otros seísmos.
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