La extraña detención de José Raúl Mulino

La detención del exministro de Seguridad, José Raúl Mulino copa los principales titulares de los rotativos locales bajo el tema: “blindar al país contra el crimen organizado”.

Por: Julio Bermúdez Valdés / Periodista -

Los ejes de la información, plasmados generalmente en sus titulares y encabezados, no sólo determinan el interés de quien escribe, sino la orientación hacia donde quiere llevar al lector. La detención del exministro de Seguridad, José Raúl Mulino copa los principales titulares de los rotativos locales, y aunque deja ver claramente dos tendencias, el propósito original del tema: “blindar al país contra el crimen organizado”, pasó a ser un argumento sin importancia, bajo la especie de que fue utilizado para cometer delitos, entre los que se han mencionado, sin pruebas aún, coimas, sobreprecios y peculado. En principio los radares del conflicto, así como el mapa digital formaban parte de un sistema en el que intervenían otros componentes que debían garantizar una cobertura de espacio aéreo que iba desde la tierra hasta los 1,500 metros de altura, atacando los vuelos rasantes que acostumbran realizar las narco avionetas. Nada han dicho las noticias al respecto. La cobertura de lanchas en los espacios marítimos también estaban a condición del proceso para calibrar los equipos, pero a alguien se le ocurrió la necesidad de que los radares detectaran los cayucos de los narcos, como si la gran mayoría de la droga se transportara en esas embarcaciones y no en otras de mayor calado. Como en apariencia los cayucos no aparecieron, entonces se dijo que los equipos no servían. Un hecho extraño como bien ha señalado el conocido abogado Ebrahim Asvat, porque los radares en cuestión han sido vendidos en países como la India, Yemen y hasta la OTAN, y –casualidad- allí sí funcionaron, pero en Panamá no. ¿Extraño, no? Las informaciones revelan que durante su administración, José Raúl Mulino apoyado en la cláusula de garantía de los contratos, exigió a la empresa contratista resolver el problema, pero en julio de 2014 después de las elecciones, se suspendió todo el proceso de instalación y verificación. Lógicamente, un año y medio después, ningún equipo de esa naturaleza puede servir. Unos tres años antes, en lo que bien puede ser descrito como una batalla por trasladar el eje de las publicaciones, el tema se trasladó de la instalación de los equipos para la lucha contra el narcotráfico hacia los delitos que ahora se ventilan. Atrás quedaron el blindaje del país, la posible cobertura de las rutas de los narcotraficantes, y la opinión pública quedó sumida en un debate donde quienes promovieron el blindaje pasaron de autoridades a villanos. Una investigación sostenida y de cuantiosa inversión si se considera que no solo hubo viajes de enviados especiales cuando estallaron escándalos que en Italia vinculaban a funcionarios a actos irregulares, sino que fueron estacionados allí corresponsales permanentes. Un eje se sobrepuso a otro, tanto que el narcotráfico, sus rutas, y sus personajes dejaron de ser la cuestión principal, pese a los decomisos que se realizaban. Hoy, bajo la acusación de “peculado” ha sido detenido Mulino, en una medida en la que se le atribuye el papel de garante, lo que puede llegar hasta el nivel de exigir a la empresa contratista el cumplimiento de lo convenido. Hasta allí, y hasta allí también el aspecto técnico, considerando que luego que asumió la dirección del país, la nueva administración del presidente Juan Carlos Varela impidió la instalación del resto de los radares, suspendió los instalados impidiendo la consolidación del sistema. Extrañamente cuando se ha dicho que el ministro Rodolfo Aguilera hizo pagos durante el 2014 a la empresa italiana por millonarios desembolsos, las autoridades han aducido que cumplían con los compromisos dejados por Mulino. ¿Por qué no es válida la misma versión en el caso de la instalación de los equipos? ¿Por qué el gobierno no cumplió con el proceso como cumplió con los pagos? Tal cual se presentan los hechos hoy, con el compromiso que adquiere el gobierno y el Ministerio Público con la detención de Mulino, algo extraño parece dirigido a sepultar los argumentos de Mulino, los vínculos de importantes autoridades en el caso. El propio presidente Varela ha tomado distancia de lo actuado por la fiscal Zuleyka Moore a título de la separación de los poderes. Pareciera que está en marcha la vieja estrategia de: “cercado el peligro, aíslen el peligro”, y en esta fase Mulino parece resultar muy peligroso.

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