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Mi cumpleaños

Mi cumpleaños

Por: Por Ricardo Martinelli -

Hoy es el día de mi cumpleaños número 66. Estoy feliz porque veré a mis dos hermanos, “Yoye” e Irina, mas no así a David, mi cuñado, que no es familiar directo, no lo puedo ver y hubiese querido verlo. Solo podrá ser por una hora porque no me aprobaron la visita especial de dos horas.

  Igualmente, mis compañeros, quienes cariñosamente me llaman “El Viejo”, otros “Presidente” y los afroamericanos “Paa”, me han prometido hacer una pequeña fiesta para lo cual han ordenado a quienes venden comida en el piso que preparen una semipaella, sin puerco ni mariscos, pero sí llena de tuna, macarela, pavo y pollo deshuesado y aceitunas. ¡No hay nada más! 

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 Igualmente, han pedido seis dulces de seis pedazos de “snickers” y mantequilla de maní. 

Han bajado varias canciones como “El Rey”, “De la caña se hace el guaro”, “Malagueña salerosa” y “Suavecito”, tal como la cantó el dictador Maduro.

Hay dos guitarristas, lo malo es que uno es americano y para él es muy difícil interpretar esas canciones.

O sea, que celebraré mi cumpleaños no con mi familia ni en mi país, sino detenido injustamente en un país foráneo, solo por el odio y la venganza de Varela, y en compañía de seres humanos que desean agasajarme en un día tan especial como este.

Acabo de tomarme un cafecito Bustelo, que no es como el Durán o Sittón, pero debo admitir que es muy bueno.

Caminando en “la yarda”, un espacio de menos de 100 metros donde no entra el sol, pero se distingue de lejos, se me acerca uno de los tantos “reos psicólogos” de la vida que hay en todas las cárceles del mundo y me pregunta sobre el minotauro que hoy nos gobierna, a lo cual yo ya había leído las noticias que me manda Astrid que este había amenazado a varios diputados, a los cuales les decía que él haría valer “su autoridad”.

  Después de analizar mis penurias, este doctor reo me dice: “Ten mucho cuidado con este señor, está desesperado y es muy peligroso. No debe estar bien de la cabeza, se le subió el puesto, y eso debe ser por el odio que le tiene a su país”.  Yo le dije: “eso no es así, él solo me odia a mí, a mi familia y partido”; a lo que este me responde a mi gratis consulta: “quien habiendo sido tu hermano te traiciona, te olvida, te tiene preso sin ninguna razón, te roba tu partido, mete multas millonarias, se mete con tu familia, etc., si te hace eso a ti, qué no les hará a los demás, a su pueblo, a sus detractores”.

Me pareció un punto válido, dado por alguien de afuera que no conoce Panamá, pero sí la idiosincrasia  de la vida. No sé si él consulta con el oráculo de Delfos y sus santos sacerdotes  o con quién consulte, pero alguien le debe decir que ya falta poco para un cambio de gobierno, y que si bien es cierto ayer también llamó a un diálogo, que no sea su monólogo acostumbrado, y que antes ojalá dejara de perseguir políticamente, amenazar e interferir en la justicia y reconciliar el país, entonces, se pudiera llamar a un diálogo, después de su salida en el 2019, ya que con él, hemos visto, si no cambia su agresiva forma de ser, será muy difícil que alguien se siente a dialogar.

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