Ruta Quetzal dijo adiós al Caribe

A la sombra del Cerro de la Gloria, que preside el pueblo, los expedicionarios tuvieron que buscar, a modo de prueba, las iniciales grabadas del director de la Ruta Quetzal BBVA.

Panamá
EFE


La Ruta Quetzal BBVA se despidió hoy del mar Caribe, del que partirá mañana rumbo de nuevo a Ciudad de Panamá, dejando tras de sí una estela musical, la del concierto ofrecido en la Aduana de Portobelo.

Después del ensayo general del Aula de Música que dirige Borja Morera, efectuado el miércoles en el Fuerte de San Lorenzo, los integrantes del grupo ofrecieron hoy un repertorio, que incluyó, entre otros temas, "El oboe de Gabriel", compuesto por Ennio Morricone para la banda sonora de la película "La misión", y "Bullerengue", canción popular de Colombia y de Panamá.

Sin duda, el momento más emotivo del recital fue cuando la expedicionaria británica Maria Czepiel interpretó el "Ave María", del mencionado filme, que arrancó lágrimas en varios de los asistentes, especialmente entre los monitores.

En esta ciudad, Portobelo, que sufrió en los siglos XVI y XVII el ataque de los piratas que querían hacerse con las riquezas del Imperio español, los jóvenes obtuvieron el mejor botín imaginable en su agenda de la expedición: dos horas de tiempo libre antes de regresar a su campamento en el Fuerte de San Lorenzo.

La jornada había comenzado en Nombre de Dios, ciudad fundada por Diego de Nicuesa en 1510, dos años después de que la Junta de Burgos tomase la decisión de enviar una expedición a su mando y al de Alonso de Ojeda para colonizar las gobernaciones de Veragua y Urabá.

En este lugar caribeño, cuyo puerto llegó a registrar en la década de 1530 un tráfico comercial de 10.000 toneladas, los expedicionarios rindieron un homenaje al busto de Nicuesa colocado por Miguel de la Quadra-Salcedo, al frente de la Ruta Quetzal BBVA en 2008, con motivo del V Centenario del nacimiento de Nombre de Dios (2010).

"A este lugar llegó en 1510 Diego de Nicuesa, quien dijo: Detengámonos aquí en el nombre de Dios. Y con esas palabras quedó el nombre hasta el día de hoy", explica a Acan-Efe Elías Núñez, pastor de la Iglesia Adventista de Nombre de Dios y el distrito Santa Isabel.

Este argentino (de Córdoba), aunque orgulloso de la nacionalidad española que exhibe en sus documentos gracias a su abuelo, que salió hacia Argentina desde la Alpujarra "a hacer las Américas", agrega que el valor de Nombre de Dios era que "se hacía todo el intercambio comercial entre el Viejo Mundo y América".

En su opinión, en la actualidad "no hay un cuidado de las cuestiones históricas" y menciona que "se hallaron restos de las carabelas de Colón en 2002, pero no hay una escultura, una placa o algo así que lo recuerde".

A la sombra del Cerro de la Gloria, que preside el pueblo, los expedicionarios tuvieron que buscar, a modo de prueba, las iniciales grabadas del director de la Ruta Quetzal BBVA.

Y de la misma manera que Portobelo sustituyó a Nombre de Dios como puesto de escala de la flota comercial en 1593, los "ruteros" tacharon rápido de sus agendas a esta última para concentrarse en la charla que el profesor colombiano Ernesto Montenegro les daría en aquella bajo el título: "Utopía urbana en América: Santa María La Antigua del Darién".

Para el subdirector científico del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH), que actualmente dirige el proyecto de investigación y excavaciones arqueológicas de Santa María La Antigua del Darién, la importancia de esta ciudad reside en que "no fue fundada, sino instalada".

"Esta ciudad se subió a un barco, en Cádiz", agrega, en alusión a los cientos de personas de oficios diversos que zarparon rumbo a la entonces llamada Castilla del Oro en alusión a la abundancia del preciado metal.

El docente comentó, acerca de las excavaciones, que hay "evidencias de campanas, pero no de un campanario" y que había "problemas de convivencia" que provocaron la construcción de un muro interior, no de defensa hacia el exterior.

La abundancia de mercadería y de oro hizo que la ciudad fuese acosada por los piratas, en especial Henry Morgan, que, antes de atacar Panamá, a fines de junio de 1668 asaltó Portobelo con una tropa de 640 hombres.

Al finalizar la hostilidad entre Inglaterra y España en el siglo XVIII, se hizo segura la navegación comercial por Cabo de Hornos y Portobelo inició su decadencia hasta que, en 1737, se celebró la última feria.

Ante la atenta mirada del Cristo negro de Portobelo, muy venerado no solo en Panamá sino en otros países americanos, los expedicionarios tomaron una lección histórica antes de sumergirse en la magia de la música en un lugar no menos histórico: la Aduana.

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