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Tras los muros del hogar

Por: Luis Batista -

Su estilo arquitectónico rompe con lo característico del lugar. Se parece a las típicas edificaciones suizas. Es otra muda prueba de la visión de estadista de Belisario Porras y del servicio de las Hermanas Bethlemitas. Esa comunidad de religiosas administra el Hogar de la Infancia desde 1924.

Religiosas

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En una modesta oficina, sentada cómodamente, estaba sor Floralba. Su velo blanco casi se confundía con los cabellos que aparecían después de su frente. Detrás de los aros de sus lentes, sus ojos fijos para responder a cada interrogante; menos a cuál es su edad. "Imagínese que inicié la formación a los 15 años. Y ya tengo 50 años en la vida religiosa", así guardó el secreto más preciado para algunas mujeres.

Siguió narrándome la historia del hogar hasta llegar al presente..."en medio de todo esto que está a su alrededor", dijo en clara alusión a los antros que fueron instalados con el paso de los años, al tiempo que frunció y torció su boca. Las arrugas de su rostro se multiplicaron.

Venta y compra

Aunque reconoce que con la extensión de la Cinta Costera el aspecto del barrio ha mejorado un poco, ella piensa que en este momento la edificación y lo que la rodea no se adecúa para la atención de los niños. "Por esa razón estamos buscando la manera de salir de aquí. Queremos vender", confesó, y agregó: "Deseamos ubicar a alguien que necesite este lugar y lo quiera comprar para instalar un museo, centro turístico o comercial... puede ser... ".

Sor Floralba y sus hermanas de comunidad también buscan a personas que "crean y amen a la niñez y nos ayuden a ubicar un lote para la construcción de una nueva casa. Algo estilo campestre. Donde los niños tengan espacios libres para el deporte y la distracción". Además no quieren volver a instalarse en el centro de la ciudad, el porqué: "Esto es una obra social... tampoco nos vamos a ir para la antigua Zona del Canal...".

Los niños

Allí hay un internado. Solo viven 30 niños. Ellos fueron seleccionados por diversos factores: alto riesgo social, necesidad nutricional, psicológica y de instrucción. Algunos son oriundos de Darién, Arraiján, El Chorrillo y Curundú. Los fines de semana la pasan en casas de sus familias.

Otros 200 infantes acuden a la escuela primaria que funciona dentro del hogar. A estos últimos, los padres los llevan todos los días a las 7:00 a.m. y los retiran a la 1:00 p.m. En la escuela laboran 9 maestras; a quienes les paga el Ministerio de Educación. Para ayudar en los quehaceres de la casa, trabajan 8 personas, más las 5 religiosas. Las hermanas ayudan a los internos a estudiar.

Sor Floralba se convirtió en mi guía y además en mi asesora para tomar las fotografías del inmueble. "Desde este ángulo le sale mejor", me decía mientras estaba sentada en una banca del corredor central.

Al adentrarme a la biblioteca, se escuchó a gritos un coro: "¡Hermana!". Eran algunos niños internos que corrían a abrazarla. Ella les correspondió, sin embargo, no vaciló en advertirles: "Continúen las tareas". Unos leían, otros sumaban y hacían planas de letras. Sus rostros transmitían felicidad y entusiasmo...

Casi al concluir, le pregunté a sor Floralba cuál era su satisfacción después de 50 años de ser religiosa: "¡Qué ya voy llegando al cielo!", contestó y dejó escapar una carcajada.

"Me trae el reportaje cuando sale publicado", fue su despedida mientras yo salía del edificio de tres plantas y ella cerraba las puertas de hierro y madera.

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