Por: Redacción -

El cuarto género

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Alcanzada la proporción suficiente, se llega al quórum para proclamar sobre los géneros conocidos uno de nueva y populosa composición. Al femenino, masculino y el otro habría que incorporar el que, provisionalmente, podemos apellidar género provecto, el que reúne a la gente vieja, numerosa legión que consume, piensa y vota, aunque sea en ambulancia.

Formo parte de esa patética tropa, de la que nunca puede excluirse el empleo de la imaginación, que, aunque mortecina, sigue siendo refugio mental y teorema de nostalgias. Hemos retrocedido a la primera parte de las ansias del salaz trotaconventos y de forma vergonzante: la mantenencia. El afán de sobrevivir tasa el decaído apetito y raros son los viejos que todavía se anudan al cuello la servilleta con gula, remoto pecado capital que se ha ido retirando del gusto, degradado por la dentadura postiza.

Me estoy refiriendo a los avanzados octogenarios, los que caminan por los 90 recibiendo, cada mañana, la incomparable recompensa de un sol que puede ser el último. Es terrible y un punto obscena la terquedad con que nos aferramos a la vida, cada vez con menos exigencias, con mayor conformidad, donde lo más temible es el dolor, ya que la decrepitud, en general, es despaciosa y la memoria describe un amplio arco que borra los años inmediatos. Suele instalarse en los tiempos gloriosos, donde nos vemos como extraños seres capaces de heroicas empresas que barajan y confunden la realidad y la fantasía.

Muchos vivimos solos desde hace tiempo, ligados a los más hondos afectos familiares por las vías rápidas del teléfono o de Internet. Amamos de otra manera a los prójimos cercanos, con el doble temor de disgustarles y de que rompan la rutina que nos mantiene. Peinamos canas escasas, siguen creciendo las uñas y, si podemos, es preciso el concurso del pedicuro, porque la cintura ya no da para que podamos recortarlas por nosotros mismos. Nos gusta el verano, quizás porque libera de la obligación y necesidad de ponernos los calcetines. Podría ser cierto el chiste del que refiere a la esposa el encuentro con un compañero de instituto: