Al gran maestro y amigo Eudoro ‘Lolo’ Rivera
Continuación del artículo titulado: “EUDORO SILVERA, PINTOR NACIONAL”. “CON ÉL, CONMIGO, CON TODOS NOSOTROS”.
“Panamá América” en su sección “Cultura” página 4G. Del domingo 21 de abril de 1996/ Agustín Del Rosario.
EL ARTISTA EN NUEVA YORK
“Pasé a Nueva York para estudiar Pintura, pero seguí con la Música, que siempre fue pasión para mí. Cantaba para ganarme la vida, en iglesias, en coros, en eventos sociales. Mi primera exposición la cubrí en Nueva York en 1942, en un local, obvia y curiosamente llamado, ‘Artists Gallery’. Eran óleos en los cuales era evidente la influencia del realismo socialista mexicano.
La presencia de Diego Rivera se daba en los temas y en los rostros, manos y gestos. Solamente que yo los hacía a ‘lo panameño’ y pintaba el dolor de los oprimidos y su sufrimiento y obviamente también su ternura y su inocencia humana. Dentro de la tendencia Rivera, para mí, era el nombre clave si bien admiraba también a Orozco, Siqueiros y a uno que poco se mencionaba entonces y que; sin embargo, consideraba como muy bueno, Fernando Leal y otro, de apellido Dosamante. En dos oportunidades viajé a Panamá, en 1945 y en 1950 ya para quedarme”.
ESTO SE LLAMA PANAMÁ
“Como si fuera ayer, recuerdo la primera vez que vi un “mural” de estos grandes, fue en una revista que me mostró Rodrigo Miró, con el inseparable Roque Javier Laurenza. En esos años ambos eran socialistas. Lo cual no era nada extraño: en Panamá casi todos la “intelligentzia” lo eran”. El mundo cultural panameño, en esos años era uno pródigo y rico en manifestaciones. Había una especie de “ambiente” que propiciaba que los artistas y los escritores se reunieran y que se hicieran cosas. Rodrigo Miró y la Raquel Herrera tenían una especie de salón que reunía los fines de semana a parte de la “intelligentzia”. También lo tenía Enrique Ruiz Vernascci, quien hacía lo propio en su casa. Era un ambiente en medio del cual se movilizaban los nombres de Diógenes de la Rosa, Demetrio Korsi, Rogelio Sinán, quien estaba recién llegado de Europa, entusiasmaba a todos con un poeta que había descubierto y que se llamaba Pablo Neruda. Eso sí, no había galerías. Sin embargo, se cubrían colectivas de pinturas en el Instituto Nacional, que era otro foco cultural en esos años. Yo participé en una de ellas con Ricardo Conte Porras, Ciro Oduber, Guillermo de Roux, Juan Manuel Cedeño”.
Más adelante continúa el artículo diciendo: ANTES DE REGRESAR A PANAMÁ “En Nueva York, antes de regresar a Panamá, conocí a Rufino Tamayo. No intimamos mayormente, pero sí estuve con él en varias oportunidades y dialogamos sobre pintura. En esos años no era tan conocido y recuerdo que hablaba horrores de sus contemporáneos mexicanos. Era enemigo declarado del realismo socialista y sus planteamientos giraban en torno a una pintura que se fue por otros rumbos que buscara otros valores. Al principio no le entendí muy bien. Claro, él llegaba con cosas nuevas, pero luego me fui interesando.
De allí mi orientación hacia Picasso y esa etapa cubista que sigue en mis pintura. Aunque te confieso, no soy yo la persona más indicada para catalogar mi pintura. Yo te puedo hablar de ella, pero decirte qué es lo que creo que es, eso se lo dejo a otros”.
Continúa.