Arrepentimientos

Hacia el final de sus vidas muchas personas se arrepienten de no haber tenido más valor para vivir una vida auténtica en lugar de seguir el camino

Carlos Miguélez Monroy / Periodista

Hacia el final de sus vidas muchas personas se arrepienten de no haber tenido más valor para vivir una vida auténtica en lugar de seguir el camino que otros le marcaron para cumplir sus expectativas. Así lo sostiene la enfermera australiana Bronnie Ware en The Top Five Regrets of the Dying (los cinco principales arrepentimientos de los agonizantes), que recoge sus entrevistas a pacientes a punto de morir.

La recurrencia de este arrepentimiento radica en la forma en que nos han educado y en la que educamos para obedecer, para “ser prudentes”, no “cometer fallos”, no equivocarse, no hacer el ridículo. “No, no, no”. Nuestra educación hace hincapié en las respuestas y no en la importancia de aprender a hacer preguntas, de atreverse a cuestionar, de asumir que las caídas nos enseñan, nos hacen más fuertes si queremos aprender y no culpamos a otros ni a las circunstancias.

Mucha gente se arrepiente también de no haber expresado sus sentimientos. Quizá por miedo al ridículo, a ser rechazado, por falta de autoestima y no haberse considerado importante; para no herir a los demás, incluso a costa del propio bienestar. A veces por soberbia.

“Hubiera deseado haber mantenido contacto con mis amigos”. Este arrepentimiento muestra cómo muchas personas caen en la cuenta de haber antepuesto el trabajo y las supuestas obligaciones a tomar una taza de café o una cerveza con los amigos.

“Ojalá me hubiera permitido ser más feliz”. Dice la autora que muchas personas caen en la cuenta, hacia el final de sus vidas, de que la felicidad es una opción para la que todos podemos prepararnos si afrontamos nuestro miedo al cambio, a expresar nuestros sentimientos y a vivir una vida auténtica. Mientras leemos estas palabras, aún estamos a tiempo.

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