‘Bullying’ judicial
Existen varios tipos de acosos. El más famoso conocido con el anglicismo “bullying” o acoso escolar, es definido como “toda forma de maltrato físico, verbal o psicológico que se produce entre escolares, de forma reiterada y a lo largo del tiempo”. Los niños y jóvenes víctimas de estos vejámenes, por décadas han cargado silenciosamente un lastre de odio y resentimiento que hoy está cobrando una alta cuota de homicidios y suicidios en los países desarrollados. Con el surgimiento de las redes sociales, cada vez se dan más cosas de jóvenes utilizan estos medios para saltar a la fama vertiginosamente, externalizando sus odios a través del “acto final”, sangriento y viral.
Hay otros tipos de acosos igual de graves. El sexual donde el victimario presiona a su víctima para que acceda a tener relaciones íntimas. Está muy relacionado al acoso laboral que son las acciones de hostigamiento, generalmente desplegados por una autoridad.
Intereses políticos, económicos y personales llevan a dueños de medios a practicar el “bullying” mediático para desacreditar a sus enemigos. Estos empresarios utilizan a sus periodistas y poder de difusión como herramientas de violencia psicológica, de forma sistemática durante el tiempo. En Panamá, Ricardo Martinelli y sus allegados son víctimas de este hostigamiento por parte de sus enemigos poderosos dueños de medios con el fin de causarles desprestigios y vergüenzas públicas. Los acosan moralmente a través de la injuria y la calumnia. Otro efecto de este acoso es la utilización de sus canales de difusión como medio de presión a fiscales y jueces para abrir casos infundados o que fallen en contra de sus enemigos. Lo hacen mancillando el honor de quienes fallan en derecho y a favor de aquellos que adversan o ensalzando a los servidores judiciales que violan derechos para complacer las pretensiones de estos ricos. Pero, ni modo, ¡que viva la libertad de expresión!
Entonces está el acoso judicial a través del “bullying” institucional. Un triángulo de Ministerio Público, medios de comunicación y poder ejecutivo. Esta nueva forma política de amedrentamiento, ocurre a manos de fiscales y jueces, comandados por el presidente Juan Carlos Varela, a través del director del Consejo de Seguridad, Rolando López. Una maquinaria institucional implacable que utiliza los recursos del Estado para neutralizar a los enemigos políticos de Varela al mejor estilo de los gobiernos de facto. A través de expedientes que no tienen sentido, intimidan y reprimen a líderes CD, la verdadera oposición del gobierno. Varela trata el derecho a la libertad y legítima defensa de sus enemigos como si fuera un trapo de cocina y eso es acoso judicial en su máxima expresión.
Quienes piensen que el SPA es la solución a estos abusos judiciales, se equivocan. Hay dos cosas que pueden cambiar el panorama: la primera, a corto plazo, que los jueces escojan el camino de la conciencia y paren estos excesos de una vez por todas, para que el país recobre la paz. La otra, a mediano, plazo, con la inminente victoria del CD en el 2019. Esta segunda es el camino más doloroso. ¿Para quién? La respuesta la tiene Aristóteles: “cometer una injusticia es peor que sufrirla”.
¡2019 a la vista!