Carnavales
Poco a poco, los Carnavales se van volviendo más estáticos y nos convertimos tan solo en espectadores y no en parte de sus festividades.
No obstante, donde todavía se preservan las tradiciones es en el interior de la República, ya que allí se realizan actividades durante todo el año para captar recursos económicos e invertirlos en los considerados mejores Carnavales del país.
La historia nos indica que en buena parte del siglo pasado el Carnaval de la ciudad capital era el mejor, un acontecimiento relevante; sin embargo, poco a poco fue reemplazado por el de Las Tablas, Chitré, Penonomé y otras localidades.
Esta celebración masiva en la capital depende de un presupuesto gubernamental, lo que les hace estar atada a las consideraciones de la administración de turno.
Recordamos cómo en los diferentes barrios se organizaban actividades durante el día, como las mojaderas que no dependían de los carros cisterna, sino de la habilidad para lanzar un cubo de agua a quienes caminaban por las calles.
A la ciudad de Panamá acudían las mejores orquestas y cantantes del Caribe, cuyas presentaciones se efectuaban en los llamados toldos, que eran manejados por empresarios, sin la intervención del Gobierno.
En la década de los 60 estaban de moda los toldos Severa en Barraza, el Ferrocarril cerca de la Plaza 5 de Mayo y uno ubicado donde ahora se erige el Banco Nacional en la Vía España.
Ningún veterano puede tolerar los espectáculos del Carnaval actual, con sus bailes repelentes y el desorden sin control, lo que sin duda hace muy difícil establecer, para los solteros, una conversación o ser galantes, con una dama; todo eso pasó al recuerdo.
Ya todo esto se ha perdido, porque el Carnaval se reduce a la obtención de recursos económicos para gastar sin pensar en otra cosa que no sea el consumo de alcohol, ingerir alimentos en no muy buenas condiciones de sanidad y estridencias sin sentido. Esto no significa amargura por los tiempos actuales, sino nostalgia.