Ciegos y cínicos

En la historia de la Grecia antigua se mencionaba el caso del filósofo Diógenes de Sinope, el cual se afanaba por buscar la verdad y la sabiduría.

Carlos Christian Sánchez / Columnista

En la historia de la Grecia antigua se mencionaba el caso del filósofo Diógenes de Sinope, el cual se afanaba por buscar la verdad y la sabiduría. La democracia era el pilar de un movimiento hacia la decencia y la igualdad entre los hombres. Pero igual, la política hacía generar mezquindad y corrupción, lo cual dominaban la vida en aquella época, como también ocurre en la actualidad.

Fue tal la desesperación de Diógenes por buscar la verdad y al político perfecto, que en un arranque de locura salió con una lámpara encendida, a plena luz del día, por las calles de la ciudad de Atenas para tratar de hallar al político ejemplar y con virtud. “Estoy buscando un hombre honesto”, decía el filósofo de la escuela cínica. De allí que se le consideraba extremista y radical en su forma de ser: vivir pobre y simple para hacer el bien.

Si Diógenes de Sinope viviera hoy en Panamá, se encontraría con la paradoja del comercial del ciego y los políticos opositores que no quieren ver la realidad de las cosas. Peor aún, hasta los criticaría por no ver las obras que el gobierno de Ricardo Martinelli ha impulsado en los últimos cuatro años. Es tal el cinismo de algunos, que menosprecian programas sociales como 100 para los 70, la modernización del transporte, la beca universal, la construcción del metro de Panamá y los subsidios estatales para abaratar el costo de la vida.

Igual, Diógenes le preguntaría a varios periodistas y dueños de medios por qué entrevistan al joven ciego que hizo la cuña sobre los logros del Gobierno, en vez de averiguar cuáles son los beneficios obtenidos por miles y miles de panameños en el Gobierno de turno. En realidad, muchos son más cínicos que Diógenes, pero en el sentido retrógrado: no ven las cosas tal como son en realidad.

No hay que ir con la lámpara de Diógenes para encontrar a una persona honesta. El mundo es ideal cuando todos nos proponemos hacerlo. Pero los intereses mezquinos y las ambiciones políticas de algunos sectores opositores, al final, solo hacen empeorar las cosas. Es más, hasta ellos mismos caen en sus trampas, tratando de enlodar la reputación de los que trabajan por el bien de la comunidad.

Ojalá los políticos de la oposición admitan la verdad: de que Cambio Democrático y su líder, Ricardo Martinelli, trabajan por hacer un mejor país. No desacrediten, porque al final el pueblo panameño sabrá castigar a los vilipendiadores oportunistas.

Larga vida y prosperidad para todos. Saludos, amigas y amigos…

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