Coiba recuperará su sino
Es un desprecio a la naturaleza y al dolor humano mantener la isla Coiba como atracción turística solo para que extranjeros y nacionales con plata vean cuán
Julio César Caicedo Mendieta
Es un desprecio a la naturaleza y al dolor humano mantener la isla Coiba como atracción turística solo para que extranjeros y nacionales con plata vean cuán bello es nuestro país. Mientras, mantenemos hacinados en cárceles estratégicas para el delito a nuestros condenados. Los presos cuidábamos más ese paraíso que muchos “protectores” de la naturaleza a sueldo que habitan este país minado con “ONG” hasta para inventar subsidios.
Coiba es la isla más grande de Centroamérica y, según la Nasa, tiene un área de 494 kilómetros cuadrados. Sus 20 millas de norte a sur las caminé en cuatro días y eso porque estaba buscando una subespecie de ñeque endémica en el lugar, que de acuerdo con las versiones, luce un lunar blanco en la frente, jamás lo II… Fulele Calvo me prometió $500.00 si le traía la foto para la “Crítica” de esos tiempos. (Leer la segunda edición del libro “Cómo cagar en el monte y otros comentarios de Julio César Caicedo Mendieta”).
Coiba no es cómo piensan algunos fanáticos ambientalistas después de haber visto la película “Papillón”, que la comparan con la isla del diablo. La isla se presta para que no se violen los derechos humanos de los reos, que viven apiñados en pequeñas celdas y bajo un sistema vulnerable para delinquir aún más. La vez que fui también visité los 18 campamentos, no vi a nadie colgado por salva sea la parte, los detenidos pagan sus penas, sí, pero se ganan el guacho: pescan, crían vacas, cerdos, gallinas de doble propósito y gallos de pelea. Cosechan granos, frutas y verduras, leen, cantan y escriben, no como ahora, que les damos la comida con 48 millones de dólares al año.
En el nombre de Dios, los reos del degradado sistema penitenciario deben ser mudados a la isla. Por el bien de ellos y de sus familiares (sin licitación para edificios solo para erigir un monumento a Floyd Britton y sus compañeros). La corrupción y la “ñañequería” hacen olas en nuestro país, pero en todo el pacífico panameño no existe una sola que ocluya el verdadero destino de Coiba; cómo bien pensaron Belisario Porras, Arnulfo Arias, Omar Torrijos y mucha gente con sentido común en nuestro país.