Cuando tu niño se enferma
Llevar a tu hijo al médico puede convertirse en una odisea, y más si tienes que utilizar los servicios de salud pública.
Al llegar tienes que lidiar con una recepcionista que ni los buenos días dice y se la pasa metida en el celular como si no tuviese que hacer otra cosa.
Cuando se acuerda que estás en la ventanilla con tu niño en brazos, comienza la preguntadera, a pesar de que le entregaste la documentación de quien se va a atender.
Al mismo tiempo te hacen ciertas preguntas de por qué llevaste a tu hijo a urgencias.
Luego te envían a la sala de espera para aguardar a que te atiendan. Allí las manecillas del reloj pasan y pasan, y eso que llegaste a las 9 a.m.
Posteriormente, llega la hora de que te atiendan. Al entrar al cubículo, desconocemos si la que te atiende es una médico general o enfermera porque con solo lo que usted le diga y sin tocar al paciente determina si es una urgencia o tiene que pasar a otro cubículo.
Pasas al lugar que te indicaron y tu ánimo se va por el piso. Parece ser que todos los que ingresaron por urgencias se encuentran nuevamente en espera de uno o dos médicos generales. Allí el reloj corre lentamente y se hacen las 12 m.d.
En muchas ocasiones y por suerte, a la hora que supuestamente te toca ingresar es que empieza el cambio de turno. Se dilata tu atención y usted aún con su niño en brazos.
Y a la hora de ingresar, el médico general te hace un par de preguntas, revisa a tu hijo e inmediatamente le manda exámenes de laboratorio. Continúas al laboratorio. Allí el reloj marca las 2:00 p.m. y te indican que los resultados demoran una hora. Regresas y le llevas los resultados al médico. Los revisa, te hace las recetas debidas y tú aún con tu hijo, caminas a la farmacia y la fila sabrosa. Ingresas la receta y a esperar otra hora para que te entreguen los medicamentos.
Todo esto, y ya has hecho un turno de trabajo en dicho lugar y sin comer tú ni tu hijo.
Hay que mejorar el servicio de salud pública en nuestro país y ver qué otras alternativas existen para que los asegurados dejen de vivir el calvario a la hora de buscar una atención que se convierte al final en una odisea.