Delincuencia
Redacción
Mientras a la opinión pública se le mantiene entretenida con escándalos reales o ficticios, mientras nuestro presidente está de viaje por Europa; en Panamá, los delincuentes siguen haciendo de las suyas. Al frente de la Policía Nacional está un oficial que pasó sus tres últimos años en el extranjero, y aunque no dudamos de la capacidad del funcionario, de sus intenciones y voluntad de atacar el delito, ese alejamiento de la situación local y el estar involucrado en demasiadas labores administrativas pueden estar afectando el desempeño del cuerpo uniformado.
Lo felicitamos por el diligente trabajo que hicieron las unidades bajo su mando para desarticular a la llamada “banda gourmet” que era el terror de los restaurantes y bares citadinos; también se observa constante decomiso de drogas, pero todavía hay mucho por hacer.
La economía y las actividades que generan muchas oportunidades de empleo van en descenso y con ello viene el crecimiento del delito. Los hombres en riesgo social que laboraban, pero que van rumbo al desempleo, son un caldo de cultivo para la delincuencia.
Frente a eso, no hay de otra que tirar a los policías a los barrios, no solo los populares, sino los de clase media, donde también se cometen delitos. Hay que darles un alto a las unidades piponas y fuera de condición física, los homicidios están a la orden del día y algunos organismos internacionales –tal vez despistados– quieren poner a Panamá como una metrópoli peligrosa, por lo que hay que salirle al paso a esta percepción, y eso se logra con mayor efectividad en los cuerpos de seguridad y una lucha sin cuartel contra la maleantería que amenaza a las personas decentes de este país.