Dolencia compartida
E n 1992, Juan Pablo II instituyó el 11 de febrero como el Día de la Jornada Mundial del Enfermo, a partir de 1993, se dio inicio a este evento, que alcanza la versión XXIII. Tiene como objetivo sensibilizar al pueblo de Dios, a las entidades de salud y a la sociedad civil, sobre la necesidad de asegurar la mejor asistencia posible a los enfermos.
En los últimos dos años me he vinculado con pacientes, principalmente recluidos en el Hospital de la CSS que asisten a la capilla; les comparto mensajes de esperanza y amor a Dios, pues solo él fija el tiempo de estadía en el nosocomio, así como el periodo perfecto para que cada uno recupere su salud.
En cada familia siempre se presenta la situación de un miembro o pariente que padezca una enfermedad, ya sea transitoria, crónica, que haya dejado secuelas y hasta graves; entonces, surge la interrogante: ¿Qué hacer en estos casos? Definitivamente que es una situación que provoca un impacto emocional en todos los miembros de la familia; además de que altera el orden regular acostumbrado de sus integrantes, y que exige que todos colaboren a fin de superar la prueba de vida que experimentan.
Esta vivencia requiere que los familiares colaboren. Que la dolencia sea compartida y que el enfermo se sienta amado y atendido; donde la responsabilidad no recaiga en un solo miembro de la familia. El pasado fin de semana compartimos con un amigo que está recuperándose de una cirugía, y llegó un momento en que frente a mis ojos hizo movimientos que yo los percibí como normales, hasta que dio un salto, que su esposa quedó impactada, y le hizo saber que por su condición convaleciente, no debía repetirlo. Pero es que, pese a su recuperación, hay ocasiones en que hasta el mismo paciente lo olvida, y es entonces cuando la familia juega un rol primordial para su pleno restablecimiento.
En este sentido, en mi Panamá, el país de las oportunidades, la población es solidaria, de hecho se aprecian en los hospitales, a la hora de visita, largas filas para ver a sus enfermos. Hagamos de estos episodios que nos presenta la vida, ejemplos de amor, compañía y paciencia; que el diálogo alivie los temores y estado de ánimo del enfermo para esperar en paz su mejoría, rodeado del núcleo de la sociedad… la familia.