Opinión
El arte de gobernar con el ejemplo
El Mandatario dijo, en aquella ocasión, que lo antiético también debe ser atacado con fuerza. Por esa razón, Gonzalo salió de la Policía Nacional.
Gobernar no es difícil cuando se trabaja por el bienestar del pueblo. Si das el ejemplo con las acciones, las decisiones, verás que no es difícil. Recuerdo esa jornada política del arnulfismo, que se dio en la ciudad de Penonomé, a mediados de 1992. A esa convención asistió quien fungía como director de la policía nacional, el abogado, Gonzalo Menéndez Franco. Endara le pidió la renuncia debido a la presencia en un acto político. De acuerdo a la constitución los policías no son deliberantes y menos en el sector de la política. Se pudo argumentar que estaba allí por la seguridad del Presidente, pero, aunque el asunto era legal este chocaba con lo moral, lo ético.
El Mandatario dijo, en aquella ocasión, que lo antiético también debe ser atacado con fuerza. Por esa razón, Gonzalo salió de la Policía Nacional. ¿Cómo hizo Endara, para reconstruir el país sin aumentar la deuda? ¿Cómo hizo Endara para construir la presa alta, de Fortuna, obra que acabó con los apagones escalonados? ¿Cómo hizo Endara, para eliminar el impuesto sobre la renta a quienes ganaban menos de 350 balboas lo que se constituyó en un aumento salarial, para decenas de miles de empleados públicos? ¿Cómo hizo Endara para gobernar sin el apoyo de los casi 30 legisladores de la Democracia Cristiana sin llegar a acuerdos políticos que lesionaran la dignidad de la Patria? Considero que el presidente, Juan Carlos Varela, debe analizar, con detenimiento, lo que fueron esos cuatro años y medio de la administración que se dio después de la invasión y de seguro allí encontrará muchas respuestas, las cuales le harán dirigir un mejor gobierno.
No hubo viajes faraónicos; él no aumentó su patrimonio financiero, al contrario, disminuyó; administró la escasez con el ejemplo. Reitero aquello que he publicado. Fue él quien mandó a rebajarse el salario a seis mil balboas mensuales. Lo hizo no para buscar luces, cámara, acción. No, consideró que el país no estaba, para esos salarios extraordinarios. Los ministros pegaron el grito al cielo con una pregunta, ¿y nosotros que ganamos diez mil, que haremos? “Eso se lo dejo a su conciencia; pueden continuar así, pero, yo, no puedo recibir lo que, por ley, gana un Presidente, observando el estado de la economía”, fueron sus palabras. Después de esa posición, los ministros decidieron rebajarse el salario a cinco mil. Fueron acciones que le mandaron un mensaje claro a la población.
Todavía lo recuerdo haciendo escalas largas, esperando el vuelo comercial que lo llevaría a su destino. Pudo comprar un avión, para sus misiones oficiales, en su lugar, decidió hasta vender los ya existentes del Servicio Aéreo Nacional, San, por considerarlos una carga fiscal, para la nación. No era hombre de andar hablando en cualquier esquina, saliendo de un sepelio, luego de un acto de inauguración de obra o después de abandonar una iglesia. No, Endara tenía su conferencia de prensa, todos los jueves, desde el salón, Amarillo, del Palacio de Las Garzas, la cual era esperada con ansias por la población.
Es que un estadista tiene que hablar, solo de lo súper importante, el resto sería buscar protagonismo, lo cual es peligroso, por las contradicciones que se pudieran dar. Repito, gobernar no es difícil, lo difícil lo provoca uno cuando deja de cumplir con los compromisos que mandata la ley. No es posible que esos aborígenes sigan poniéndoles peros y obstáculos al progreso y desarrollo del país con Barro Blanco. Ya los plazos pasaron; los diálogos fueron suficientes, ahora lo que resta es un ultimátum y punto. Darle largas al asunto es como esperar que caiga maná del cielo y esa época fue única y dudo mucho que se pueda repetir. O cumples con la responsabilidad que te otorgó el pueblo o terminas siendo parte de la lista donde están los líderes que apenas si alcanzaron llegar a la media durante su administración.