El barco
Cada vez estoy más convencida de que Cambio Democrático ganará las próximas elecciones. Esta tortilla se está volteando y veo gente que hace apenas un par de meses nos tenía asco y negaba su asociación con nosotros, hacer acercamientos y montándose en el tren de un triunfo inminente. No me refiero a los que, como Martinelli, tuvieron que abandonar Panamá por causa de la persecución. Espero que Ricardo Martinelli sepa identificar quiénes se quedaron con él en las malas y en las peores, y los que saltaron del barco. Solo hay que tocarles la ropa para diferenciar los secos de los moja’os.
Tengo sus nombres en la punta de la lengua, pero no los voy a mencionar porque la pelea es otra. Primero hay que sacar a los que siguen secuestrados por Varela, entre ellos Osorio, Garuz y Pérez. La lucha por la Presidencia en el 2019 tiene que empezar de una vez, con los candidatos cambiando su discurso por otro más empático con un pueblo que sufre los embates de la peor presidencia de la historia de este país. Bueno, ¿qué podíamos esperar de un incompetente que votó en contra de la ampliación del Canal? El desempleo, la canasta básica, el desplome del turismo, el abrupto bajón económico no afecta a quienes están libando las exquisitas mieles del poder. Es el pueblo panameño quien carga en su boca el amargo sabor de la pésima gestión de Varela.
Volviendo al barco, en CD todos son bienvenidos, inclusive los que estuvieron sentados a la diestra de Martinelli y en su caída salieron huyendo como ratas que les tiran agua caliente. Estos hábiles personajes tienen que tratar de ganarse su puesto dentro del partido, así que recomiendo que los pongan a limpiar los pisos, las bodegas y las letrinas del barco y verán que ninguno se queda. Hay otros, que además de saltarines fueron traicioneros. A ellos sencillamente hay que hacerles caminar el corto pero angustiante trecho del trampolín y tirarlos por la borda. Bien lo dijo Shakespeare: “Hay puñales en las sonrisas de los hombres; cuanto más cercanos son más sangrientos”.