El poder
Según la Constitución, el poder emana del pueblo, quien es el que elige a los gobernantes para que manden en nombre de toda la sociedad, sin embargo, hay gobernantes que una vez asumen el cargo le dan la espalda al pueblo que es el verdadero amo del poder.
Es por ello que las palabras del nuncio apostólico Andrés Carrascosa Coso han sido muy
oportunas, ya que pone el dedo en la llaga al decir que: “El poder puede ser una tentación y puede corromper, porque es una especie de idolatría, porque el que ostenta el mandato puede atribuirse un carácter absoluto a sí mismo”.
Agregó que “la corrupción es un flagelo, en todos los niveles, cuando te aprovechas de lo que no es tuyo”, una advertencia que le cae a pelo a los gobernantes de turno.
Actualmente el Ministerio Público tiene abierta más de una docena de sumarios que involucran a funcionarios y exfuncionarios del actual gobierno y recalcamos estos porque en esos expedientes no han actuado con la misma rapidez con que actúan tratándose de expedientes que vinculan a exservidores de la anterior administración.
Aquí es donde se demuestra la soberbia e idolatría del poder, el creerse por encima de todo y de todos, para dar órdenes a los genuflexos subalternos: “persigue a este”…”ayuda a este”…”olvídate de este”…”deja a este tranquilo…”.
Esa idolatría en la que se gobierna a espalda de las necesidades de la población, que lo eligió, es lo que a la postre conduce a estallidos sociales, porque los pueblos se “cabrean” y buscan a otros falsos profetas e idólatras del poder con ideologías extremas.
Gobiernen para el pueblo, no a espalda del pueblo, no usen el poder para su propio beneficio sino para beneficiar al gran soberano que los eligió, que es el pueblo.