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El poder de la palabra

Por: Redacción -

Yadira Roquebert

En mi Panamá, el país de las oportunidades, los panameños por lo general somos gente alegre, solidaria, campechana, trabajadores, nos atrasamos en las cuentas, pero al final cancelamos. Ya aceptamos los famosos tranques en las vías, producto del desarrollo que nos hace ser modelos para naciones hermanas, incluso, para los miles de extranjeros que acogen nuestra tierra para vivir.

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Si hablamos de la familia, los hijos adultos, algunos profesionales y con empleo no quieren abandonar el hogar, prefieren disfrutar, solteros, de la recreación que el país les ofrece.

Y así transcurre, un tanto, la vida del panameño. En la semana haciendo valer sus derechos a una vida digna, ante el costo de los alimentos y servicios, lo que genera marchas, piqueteos, cierres de las pocas avenidas accesibles y paros, acciones que convergen en un punto: aumento de salarios y mejores condiciones de vida.

Pero hay algo que caracteriza a los nacionales y es que estas luchas y situaciones de la vida cotidiana se viven de lunes a jueves; en ocasiones hasta el viernes, sólo hasta el mediodía, pues ya empieza el fin de semana y la actitud es otra. Detienen las discusiones, negociaciones, etc., hasta el domingo en la noche, cuando las recuerdan, para iniciar con fuerzas el lunes.

¿Quién lo cambia? Nadie

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