El vacío que deja Bin

Por: Luisiana -

Los panameños que nacimos después de la Segunda Guerra Mundial crecimos con los sobresaltos de la Guerra Fría. Los que nos envolvimos con la izquierda, mientras fumábamos habanos y tomábamos ron Matusalén, jurábamos y nos comíamos los mocos, creyendo que las Repúblicas Socialistas Soviéticas, en un abrir y cerrar de ojos, podrían acabar con Occidente llevándose por los cachos al Canal y al mismo Estados Unidos de América.

Pero la Guerra Fría duró solamente 44 años, que fue cuando se desplomó la URSS y todos sus satélites, entre ellos la Alemania comunista y la gran Yugoslavia. Con la debacle de la utopía sangrienta del comunismo mundial, los nervios del planeta cogieron un respiro al esfumarse la posibilidad de una guerra nuclear, y el alivio y las esperanzas de paz crecieron al ver los acercamientos entre rusos y gringos, tratando de comer en el mismo plato.

Pero la tranquilidad del mundo solamente duró, si acaso, 10 años, cuando aparecieron las noticias de atentados terroristas ideados y comandados por un genocida elector de blancos emblemáticos: Osama Bin Laden.

La Guerra Fría fue superada entonces en temor, angustia y desasosiego por Bin Laden. Las poblaciones comenzaron a temerle al imperio medioeval musulmán, que todavía apalea a las mujeres como se dejen ver cualquiera de los tobillos en público. Bin Laden acaparó los noticieros por sus terribles ataques y no fue si no después del cobardísimo acto con las torres gemelas de Nueva York que se le persiguió como un perro con rabia, hasta matarlo. Pero el vacío de terror que dejó este asesino de símbolos que albergadores de humanos, lo llenará con creces la crisis alimentaria que se nos viene encima junto con sus más renombradas primas hermanas, entre ellas: el hambre, la inflación galopante y la población del planeta con casi siete mil millones de personas.

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