Ezequiel 36:26-27
La blasfemia de los falsos apóstoles, profetas y obispos no tiene fin, según ellos creen. La maldad y perversión del pecado de muchos los condena por miles de millones, mientras los sacerdotes del demonio hacen su parte de predicar al anticristo y el humanismo.
Los hijos del infierno se han inventado que hay que ser intelectual o máster universitario para ellos ser los únicos que supuestamente tengan el derecho divino de enseñar e interpretar la palabra de Dios, negando la verdad de Cristo.
“Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él”, 1 Juan 2:27.
Es Dios quien da a conocer su verdad por el Espíritu Santo. Ningún ser humano puede dar a conocer la verdad y el Misterio de Dios oculto por siglos, que es Cristo.
“Pero el que guarda su palabra, en este verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él”, 1 Jn. 2:5. Solo el que ama la palabra de Dios es perfeccionado en el amor de Dios. ¿Quién es el amor de Dios? Es Cristo. Esta es la blasfemia que cometen quienes falsamente dicen ser ungidos para dar la revelación de la verdad.
La palabra dice que por sus frutos los conoceréis y añade que en los últimos tiempos los falsos harán milagros y maravillas, y engañarán a los elegidos, de ser posible. O sea, que engañarán a todo el mundo, como ocurre hoy en la falsa iglesia del Apocalipsis, La Gran Ramera, que es la falsa religión de evangélicos y católicos.
El engaño está por todas partes, solo basta ver las enormes panzas de los falsos líderes para probar cómo se “han engrosado” por cuenta de la falsa religión. Ellos no pueden engañar a los que reciben la verdadera unción en el cuerpo de Cristo, que es la única manera de ser santificado, purificado y amado por Dios Padre.