Isaac Leonardo Benítez 1927-1968
Continuación del artículo titulado: Isaac Benítez. Por: Bonifacio P. Jiménez. ALGUNAS OPINIONES SOBRE BENÍTEZ. Renato Ozores. Estrella, mayo 9 de 1948. “En términos de
José Morales Vásquez | Investigador de arte
Continuación del artículo titulado: Isaac Benítez. Por: Bonifacio P. Jiménez.
ALGUNAS OPINIONES SOBRE BENÍTEZ.
Renato Ozores. Estrella, mayo 9 de 1948.
“En términos de relación podría citarse ‘Una Cabeza de Niña’, en la que Benítez sin necesidad de recurrir al detallismo, consigue dar al cuadro cierto encanto en la expresión. Supongo que al autor no le será desconocido aquel bello cuadro de Van Dick titulado también ‘Cabeza de niño’. Es curiosa la semejanza en apariencia. Benítez Vale”.
ENTORNO A LA RESTROSPECTIVA DE ISAAC BENÍTEZ.
Por: A. Herrerabarría.
Toda vida de artista es vida trunca. Solo la vida de los necios está hecha de una pieza. Es todo lo que se llama monolito. Cuando Chénier al subir al cadalso, exclamó tocándose la frente: Aquí había algo! Expresó la amargura profundísima con que muere el artista verdadero.
El artista no llora lo que deja en el mundo, sino lo que se lleva. Las obras predilectas de nuestro quehacer pictórico son las que no hemos realizado. El cuadro más sentido, el más sublime es el que llevamos dentro y tratamos de pintar en cada intento y, que a la postre resulta fallido.
¿Cuál será mi última pintura? –Me preguntaba ahora que miraba las obras de Benítez, que preparamos para su exposición. Será un retrato al óleo de esos que pagan bien. Un “tavolozze” para una nueva rica aburrida. ¿Será un apunte para esos coleccionistas inhumanos y usureros?
El mural que condense mis ideales, el cuadro de caballete en que plasme mi pasión creadora… ese es el cuadro que jamás llegaré a pintar, como diría Isaac Benítez, si pudiese estar como yo lo estoy ahora, contemplando sus propias pinturas y dibujos. La muerte de Benítez, proyectó a través de los medios de información, aspectos desconocidos por casi todo el mundo en la existencia del pintor. Lo importante de esas profundas oquedades existenciales que sufrió Isaac, debe encontrarse en la misteriosa dimensión que refleja en su pintura. Especialmente en la producción de sus últimos años.
Impregnada de ese enigmático contenido estético y de esa indescifrable trabazón estética. De esos ensambles en pastosidades y transparencias en la aplicación del óleo. En el uso desenfrenado de sus trazos límpidos y vigorosos en una composición inexplicable, que logra escapar a la imaginación del espectador común y, que anonada por su equilibrio y armonía final a los profesionales de la plástica.
El deceso de Benítez y la organización de la retrospectiva en su memoria me hizo recordar lo que pergeñé hace algún tiempo alrededor de los artistas que caen abatidos por la guadaña impía. Decía entonces: … Alrededor del pintor se formulan teorías, se ciernen penumbrosas leyendas, agítanse veinte mil naufragios de oceánicas reverberancias interiores. Se le rinden honores y se le dispensan favores o se le proscribe definitivamente en el tiempo y en la sociedad que le corresponde vivir ningún pintor ha podido sustraerse a ese inexorable diapasón: hombre-sociedad-individualidad.
Columnas de enlaces de todo el engranaje estético, el pintor es en cierto modo, la incógnita despejada de muchos enigmas y a su vez, pórtico de todos los arcanos entre sus contemporáneos, por ello quizás la auténtica verdad sobre la vida y la obra de un pintor nunca queda definitivamente esclarecida.
El pintor distinto a otros exponentes de la sapiencia y el ingenio humano, cabalga impertérrito por esos breñales de las cosas, de los datos y de las anécdotas en que suelen recrearse los que se ocupan de ellos. El galopar indiferente del pintor vuela en pincelazos tangentes sobre el amasijo de torpezas de los demás mortales. Su frenética carrera por la paleta de los siglos no se detiene ni con su muerte. Porque allí, en donde cae el pintor aparencialmente fallecido, empiezan a girar sobre sí los portentosos goznes hacia la inmortalidad al conjuro de la lección eterna que se patentiza en la obra del pintor.
Allí, en cada lienzo, en cada obra es en donde se revela su actualidad permanente, se refrendan sus valores intrínsecos de verdadera grandeza de tiempo en tiempo, evolucionan fluidificados, refundidos para reconstruirse en el espíritu de otros genios fraternos extemporáneos…”
Podría decir de Isaac Benítez, lo que dije una vez de Rembrandt… “La imagen más verídica, los rasgos característicos de su retrato histórico como hombre y como pintor son sus mil y tantas obras, más que su calvario.
Continúa.