Justos por pecadores
La función de un medio de comunicación debe ser -entre otras- orientar a la opinión pública en la formación de las ideas, jamás manipularla o imponer criterios autoritarios. Bajo esa filosofía es que consideramos que con el tema de la presencia extranjera en Panamá, los políticos están jugando con candela y ¡cuidado, pueden quemarse!
Ya Panamá tuvo una mala experiencia de racismo y xenofobia cuando Arnulfo Arias, fundador del panameñismo y a la sazón presidente de Panamá, impulsó la Constitución de 1941 en la que declaraba de “inmigración prohibida” a ciertas razas y etnias e impedía su entrada al país.
Usando el artículo 23 de la Constitución de 1941, promulgada bajo el lema de “Panamá para los panameños”, fueron perseguidos y objeto de abusos, negros, chinos, indostanos, quienes en muchos casos tuvieron que salir huyendo de Panamá y perdieron sus negocios.
Esto es historia patria. Este gobernante, elevó a política de Estado el racismo y la xenofobia, muchos panameños descendientes de esos inmigrantes lograron quedarse, ya que por haber nacido en territorio panameño tenían un mínimo de protección legal ante tamaña arbitrariedad.
El problema es el inmenso negociado en el que se han convertido los trámites migratorios y las pingües ganancias que deja a quienes ocupen cargos relacionados con esto.
Ya en los 80, un exmilitar (que anda hoy campante por allí) dijo que su casa se hizo a punta del negociado de visas con los cubanos, a principios de 1990 se habló del negociado con las visas otorgadas a chinos.
El problema no es el extranjero. Malos siempre habrá, sino la correcta aplicación de las leyes migratorias y la honestidad del funcionario.
No aprovecharse del migrante para lucrar, hacer cumplir la ley y el que no llene los requisitos sencillamente no puede entrar al país. Que no paguen justos por pecadores.