La belleza natural de nuestra Navidad
Acá en los pueblos montañosos de La Pintada no hay que alumbrar artificialmente los caminos ni embellecer los árboles a la fuerza. Con un solo racimo de astros luminosos de los tantos que cuelgan en el firmamento decembrino, es más que suficiente para saber que entre ellos está la estrella de Oriente.
Y lo más lindo es que para esta época, en ciertas zonas de vida desde los llanos de Río Grande hasta las cordilleras, aparecen como por arte de magia algunas especies de aves cantoras que vienen a protegerse del frío del norte.
Por ejemplo: Pájaros destacados de los nuestros reciben a varios extranjeros en sus parvadas, aunque sean de otros colores. Los azulejos se ven volando con unos pajaritos de color anaranjado intenso, que cantan diferente, pero que vuelan con el mismo ritmo. Cerca de las chorotecas cantan y vuelan unas idénticas a ellas, solo que son negritas y brillantes, casi como los huevos del burrito y con sus patitas rojas van de rama en rama participando en el concierto mágico del alba con melodías y trinos mejores que los de las chueras criollas.
Los sinsontes, a los que no les da “cuidao” el fortísimo croar de la ranas blancas que por aquí abundan, ni el canto de los gallos finos, tienen tres navidades participando con mucha alegría, aunque solo se escuchan sus tiples en los amaneceres y a veces al mediodía.
Los sinsontes de acá de Coclé son cimarrones, no son como los que sobreviven en la Zona del Canal de Panamá y en las barriadas de San Miguelito como Cerro Viento y San Antonio, que los hemos visto entrar como Pedro por su casa en las tiendas de los chinos a ver qué comen.
Los sinsontes de Piedras Blancas, por ejemplo, son muy cautelosos, hacen sus nidos en los tupidos palos del limoncito criollo con olor a ron y en donde lo que sobra son las espinas punzantes, enemigas a temer de los gatos.
A los bimbines no los acompaña nadie y acá en las montañas cercanas a El Copé no son perseguidos por los changos ni se ven a los cazadores de pájaros venidos de Aguadulce a ponerles trampas con legas, pegantes y guineo patriota. Pero hay un pájaro que me tiene jodido, porque nunca lo he visto y porque canta llorando, los de aquí dicen que viene de Barrigón.
A una especie que tengo porqué regalarle algo en esta Navidad, es a la que conocemos como la zorra por respetuosa y temerosa del perro que está en el rancho de la cocina.
Este año no comeré tamales de la que sabemos, ya probé los de acá y son casi insuperables, el puerco ahumado de Coclé es superior a los jamones importados y los obtienes sin tranques. Lo demás es nostalgia pura que nos sobrecoge el pecho y nos llena de una angustia desconocida por los que ya no están con nosotros.