La Carta de Claudio
Querido lector: Hace algunos años conocí por internet a un sacerdote. Por las noches entraba a un sitio donde puedes conversar con otras personas sobre intereses
Claudio de Castro
Querido lector:
Hace algunos años conocí por internet a un sacerdote. Por las noches entraba a un sitio donde puedes conversar con otras personas sobre intereses comunes. A nosotros nos apasionaba hablar de Dios, buscar respuestas a nuestras inquietudes.
Ocurrió algo extraño. Por temporadas desaparecía, no sabía de él, hasta que una noche me explicó que estaba muy enfermo, y que sus ausencias las pasaba internado en un hospital. Cada vez se ausentaba más. Una noche le pregunté: “¿Qué es lo que más te ha gustado de tu sacerdocio?” Vi aparecer en el monitor de mi computador una palabra: “CONSOLAR”. Nunca más supe de él.
Me encantó su respuesta y quise hacer lo mismo: “consolar”. ¿Cómo podría hacerlo? Cada día enfrentaba los mismos problemas que los demás. Y a veces estaba tan cansado al terminar el día que no me quedaban fuerzas para nada. ¿De dónde obtendría las fuerzas y el ánimo?
En esos días empecé a leer los salmos y me encontré con el salmo 18. Maravillado descubrí al que me sostendría: “Yo te amo, Señor, mi fuerza. El Señor es mi roca y mi fortaleza; es mi libertador y es mi Dios, es la roca que me da seguridad; es mi escudo y me da la victoria”.
Mi esposa Vida suele decir que “hay un mundo maravilloso esperando por ti”. Nos encerramos tanto en nuestros problemas que no vemos las maravillas que Dios tiene para nosotros.
Encontré ese mundo maravilloso que espera por cada uno de nosotros. Hallé un tesoro que siempre estuvo a mi alcance y descubrí que el evangelio se cumple.
A lo largo de los años puse a prueba las diferentes promesas que nos hacen en el evangelio, y todas se cumplieron. ¡Fue increíble!
Nada de esto es teoría. Es real, verdadero. Dios está vivo, sustenta nuestras vidas.
Nunca dejo de sorprenderme. Un día me pregunté: “¿Lo sabrán los demás?” Decidí sentarme a escribir y compartir mis vivencias y las de muchos a mi alrededor que cada día experimentan la presencia viva de Dios. Desde entonces no me he detenido. Es maravilloso poder hacer esto.
Dios sigue actuando en nuestras vidas. Me llena de una ilusión ver cómo pasa y toca los corazones de las personas y las transforma y las llena con su amor.
¿Qué he aprendido? Que si esperas, oras y confías, verás grandes milagros.
Dios espera mucho de ti.
Él quiere que sepas que te ama muchísimo, que eres especial, no cualquier cosa… Eres su hijo amado.
No tengas miedo. No desesperes… Dios camina contigo.